Entrevista con Mariano Gil

Como conocí a Chögyal Namkhai Norbu. Un artista en la Comunidad Dzogchen.

6 de Febrero del 2015

Mariano Gil nació en Buenos Aires, Argentina, el 27 de Noviembre de 1961. Creció en una familia de artistas y músicos. A la edad de 15 años, comenzó la educación musical oficial en el Conservatorio Nacional de Música, graduándose en 1986. Tenía planeado convertirse en psicoanalista cuando, tras recibir una beca de la Escuela de Música de Berklee, se mudó a Boston para estudiar música. En ese momento, comenzó a practicar meditación de la tradición Theravada y estudió con Larry Rosenberg y Narayan Liebenson en el Centro de Meditación de Cambridge y en otros centros de retiro. Mientras estudiaba música en Berklee, trabajó como profesor de música y recibió algunos encargos como ilustrador basados en sus retratos de músicos. En el año 1993 conoció a Chögyal Namkhai Norbu y -desde entonces- ha sido su discípulo. Tomó el examen de Santi Maha Sangha en 1995 y en 2015 se convirtió en Instructor de la Base de Santi Maha Sangha. Mariano continúa escribiendo y tocando música en el área de Nueva York, expone sus cuadros y comenzó sus primeras clases semanales de SMS en Kundrolling, en la ciudad de Nueva York. Vive en Brooklin, NY, con su hijo Sebastián, quien toca la trompeta.

Mariano con sus cuadros.

Mariano con sus cuadros.

The Mirror : ¿Puedes contarnos un poco sobre cómo conociste a Chögyal Namkhai Norbu, acerca de tu vida, tu juventud y qué te guió hacia las enseñanzas?

Mariano Gil: En primer lugar, tomé contacto con Chögyal Namkhai Norbu a través de sus libros. Estaba practicando en la tradición Theravada, en el Centro de Meditación de Cambridge, Massachusetts, y asistía a esos centros e iba a sus retiros. Me mudé a Boston después de graduarme como médico en Buenos Aires, Argentina, y de haber ganado una beca para estudiar música en la Escuela de Música de Berklee de Boston. Ese fue un gran cambio en mi vida. Planeaba ser psiquiatra o investigador, ya que estaba interesado en las neurociencias y el psicoanálisis. Leía filosofía y estaba muy interesado en la mente. Cuando llegué a Boston, descubrí las enseñanzas budistas y me sentí de nuevo como en casa. Era lo que había estado buscando.

Comencé yendo a retiros de meditación en silencio. En un momento, durante esas largas sesiones de retiro, comencé a tener experiencias particularmente relacionadas con la mente, que era lo que más me interesaba. Particularmente, observaba mis pensamientos: ¿los pensamientos son una sustancia?, ¿qué son?, ¿dónde están?, ¿de dónde vienen?. Estaba un poco obsesionado con todo esto. No era algo sobre lo cual mis maestros hablaran; más bien era una inclinación mía personal. Tan pronto como comencé a hacerlo, algo se abrió completamente para mí. Empecé a tener experiencias muy fuertes, y mi práctica se volvió muy estable.

E: ¿Qué métodos utilizabas?

MG: Las instrucciones estaban relacionadas – en su mayoría- con las enseñanzas Pali de Buda, con la conciencia de la respiración y la práctica de mindfulness. Eran muy simples y claras. Inicialmente, las seguí al pie de la letra. Esto me ayudó en particular con la postura y los aspectos físicos a la hora de sentarme, y a lentificar el proceso de mis pensamientos, lo que hizo más fácil comenzar a observar la mente. Recuerdo haber leído a Krishnamurti y a otros maestros diferentes que decían : “Observa tu mente”. Mientras, yo pensaba: “¿qué es eso?, ¿de qué están hablando? “. Después de haber hecho esos retiros, me di cuenta que podía hacerlo. En un momento dado, tuve unas experiencias muy fuertes que luego se volvieron confiables y estables: yo era capaz de entrar en shamata de un modo más profundo después de hacer esto…Era como si mi mente era capaz de focalizarse sin distracciones.

Así fue que practiqué de esta manera durante unos seis años, pero -a medida que pasaban los años- intentaba entender esa experiencia sin pensamientos que estaba mucho más relacionada con el movimiento y con soltar el objeto de fijación.

E: ¿Hablaste con tus maestros sobre eso?

MG: Lo hice. Sin embargo, aunque mis maestros eran de gran ayuda, no me estaban dando muchas pistas sobre lo que estaba ocurriendo cuando observaba los pensamientos. Volvían a hacer hincapié en la práctica más consciente y de gran esfuerzo de observar mi respiración. Sentí que algo se estaba abriendo para mí de un modo que quise entender mejor, así que comencé a buscar libros.

Salteaba todas las pausas durante un retiro y permanecía sentado sin parar durante horas; porque una vez que había entrado en shamata en forma muy estable no sentía la necesidad de moverme. Era una experiencia de gran gozo y me apegué mucho a ella; aunque sentía que me estaba perdiendo algún conocimiento que podría ayudarme a avanzar, o -incluso- a ver mis obstáculos. Así fue que comencé a leer; sólo entonces, al descubrir el budismo tibetano, hallé algunas respuestas. Al comienzo, tenía algunas reservas sobre la enseñanza tibetana porque no me podía conectar con toda la idea de los rituales y la religión. Pero cuando comencé a leer, creo que los primeros libros fueron de Trungpa, Lama Yeshe, Tarthang Tulku, que hablaban desde el principio sobre la observación de la mente. Eso me dio mucha inspiración. Descubrí que había un maestro sakyapa en Boston y fui a verlo. Él estaba trabajando con estudios de eruditos sobre los Sutras. Yo intenté pero no me pude conectar ni encontrar allí lo que estaba buscando. Yo venía de una práctica muy empírica. En uno de esos ambientes, conocí a Malcolm Smith quien tenía un libro. No sé por qué, pero sentí como si en ese libro encontraría mi información.

E: ¿Qué libro era?

MG: Bueno, al principio Malcolm fue muy protector y me dijo: “Tú no estás preparado para esto ya que primero tienes que aprender eso y esto”. Y yo le dije: “necesito ver qué libro es”. Era el libro “El ciclo del día y de la noche” de Chögyal Namkhai Norbu. Encontré ese libro y descubrí también que Chögyal Namkhai Norbu estaba vivo. Ni siquiera lo sabía porque podría haber sido un maestro de un período histórico. No sólo estaba vivo, sino que también tenía algunos discípulos en Boston. Por eso, conseguí el libro y comencé a leerlo de inmediato. Esto fue en el año 1991.

E: ¿En ese momento estabas inscripto en la Escuela de Música de Berklee?

MG: Sí, yo vivía cerca del centro de meditación e iba a las sesiones matutinas y vespertinas. Estaba muy involucrado allí; pero comencé a desconectarme un poco por lo cual, el maestro no estaba muy contento con las preguntas que le hacía. Cuando comencé a leer “El ciclo del día y de la noche” tuve unas experiencias muy similares a lo que me ocurría tras horas de estar sentado después de diez días de retiro de silencio; con excepción de que éstas eran espontáneas y sólo sucedían. Era como si alguien me tomara de la mano. El libro tiene instrucciones sobre la introducción directa y sobre cómo estabilizarse. Ese libro se convirtió en “mi” libro durante varios años. Probablemente, lo debo haber leído unas cien veces, ya que lo leía diariamente como una práctica.

Así fue que decidí informarme más sobre el Dzogchen .Encontré un número de teléfono al que llamé, y Des Barry me respondió diciéndome que había gente en Boston. Por eso, comencé a practicar allí. Sentí que ése era mi maestro y que no había que ir más lejos. Sentí que era así, no sólo en términos de confianza en el maestro, sino también en las enseñanzas en sí mismas. Sentí que no había ningún otro lugar al que ir, que ése era el final del recorrido, y que podía ir mucho más allá; pero que ése era el punto de conexión. Descubrí que Rinpoche vendría a Massachussets; por lo cual, asistí a un retiro suyo en el año 1992 que fue realizado en un colegio secundario en medio de una gran tormenta de primavera. Todo era como una confirmación para mí: desde el estar en su presencia, y muchas otras cosas que eran muy oscuras para mí, como todo lo relacionado con el Vajrayana. Yo estaba muy intrigado por muchas cosas, pero cuando escuché hablar a Chögyal Namkhai Norbu todo se volvió claro y cristalino: por primera vez entendí la diferencia entre transformación y renuncia, y por qué hacemos todas esas cosas en el Tantra. Lo que antes parecía algo exótico, ahora se había convertido en algo más concreto que podía ser aplicado.

E: Antes te habías formado como médico, y renunciaste a todo eso para ir tras la música, ¿podés hablarnos un poco sobre eso?

MG: Sí, pasé seis años en la Facultad de Medicina, en Argentina (de dónde provengo); pero durante el quinto año de estudios tuve una gran crisis, la cual -al mirar hacia atrás- parece como si hubiera sido una ruptura que me permitió profundizar en las enseñanzas. Antes de eso, yo estaba mucho más en la mente, muy sumergido en la ciencia y el psicoanálisis. También estaba interesado en la música, el arte, la filosofía y la poesía.

E: ¿Así que cuando fuiste a la Facultad de Medicina tuviste una experiencia que podría denominarse como “la oscura noche del alma”?

MG: Sí, creo que fue una combinación de cosas. Mi mejor amigo se había suicidado cuando yo tenía 18 ó 19 años. Estudiábamos juntos ciencias y estábamos intentando entender los misterios de la vida. Los dos éramos muy jóvenes e idealistas: él era brillante, y yo podía conectarme muy bien con él. Por eso, cuando se suicidó quedé devastado. Le habían diagnosticado esquizofrenia. Esto también fue un incentivo para convertirme en psiquiatra para entender qué es la esquizofrenia y poder ayudar a las personas.

Después, también tuve un accidente que casi fue fatal cuando volvía de una actuación. Alguien nos llevaba de vuelta y -no sé por qué- pero yo tuve una premonición de que algo malo pasaría. Estaba muy asustado. Los demás se habían dormido y en un instante vi a un jóven viniendo hacia el auto que teníamos enfrente y pensé: -“¿Qué demonios está pasando?”. Al mirar, vi que el conductor que habíamos contratado se había dormido. Y asi fue que chocó contra el auto de adelante. No le pasó nada a nadie, pero yo los tenía a todos encima de mí y no podía respirar. Me asusté, entré en pánico. Me encontraba bajo una pila de personas y nos llevó bastante tiempo poder levantarnos. Como no podía respirar pensaba que me estaba muriendo. Pude ver cómo ocurría todo: nuestro coche dándose vuelta y yo diciendo “adiós”…Incluso, después del accidente pensé que iba a morir, y estaba esperando que las estrellas se apagaran. Era como si el accidente me hubiera sido enviado.

Rinpoche y Mariano tocando la flauta juntos.

Rinpoche y Mariano tocando la flauta juntos.

Al año siguiente, el siguiente curso en la Facultad de Medicina era neurocirugía. Yo era bastante hipocondríaco y al tener que estudiar sobre las enfermedades y las causas de la muerte yo era el tipo de estudiante al que “todo lo penetraba” y que tenía todas las enfermedades. Algunos estudiantes eran del tipo de los que se ponen sus batas de médicos y toman distancia. Pero yo no era capaz de hacer eso: ni con los pacientes, ni con el estudio. Me volví un poco loco con todo eso. También porque estaba leyendo un material muy complejo del tipo de Wiltgenstein, Lacan, Gödel, además de la literatura médica. Era una mezcla de cosas, ya que no dormía y tenía ataques de pánico donde sentía que moría. Mientras estudiaba para los exámenes, pasé muchas noches sin dormir durante dos meses que fueron infernales. Iba a un psicoanalista tres veces por semana, lo cual es normal cuando uno está estudiando para convertirse en uno. Y cuando me sentía así de mal, iba hasta cuatro veces a la semana. Poco a poco, las cosas fueron mejorando. En un punto, la terapia dejó de tener sentido. El médico seguía interpretándome. Pero yo le dije: “Bueno, usted puede seguir interpretando hasta el final de sus días, pero yo no sigo más ”. Permanecí en la Facultad de Medicina sin saber qué dirección iba a tomar. Finalmente, todo se calmó y me gradué.

Dos semanas después de mi graduación como médico, la Escuela de Música de Berklee organizaba un curso de diez días en Argentina, y al final del cual otorgarían becas. Yo ya era músico y me dieron una beca. Por eso, decidí tomarme un respiro e irme durante un semestre o algo así. Había estado tocando música desde muy joven, y a los 15 años había comenzado el conservatorio donde estudié con Alfredo Ianelli, gran maestro de la flauta clásica. Luego, comencé a estudiar más sobre jazz, jamming e improvisación. Estaba muy entusiasmado por ir a la Escuela de Música de Berklee. Quería tomarme un año sabático de todas maneras antes de hacer la residencia y, ¿qué mejor que irme un semestre a Berklee? Tras ese semestre, la medicina ya no me venía a la mente ni por un segundo. Así fue que me quedé y descubrí el centro de meditación, etc. Todo eso me guió hacia Chögyal Namkhai Norbu.

También, y desde siempre, dibujaba y pintaba ya que el arte había estado muy presente en mi familia. No sentía que tuviese tanto talento como la gente que me rodeaba, pero encontré una manera de expresarme visualmente. Luego, en Boston, pude vivir de eso haciendo diseños para las camisetas de la Universidad de Berklee, y retratos de músicos según mi estilo. Hice algunas exposiciones, por lo cual, cuando alguien vio mi trabajo me contrató para una revista. Cuando me mudé a Nueva York, algunos músicos vieron mis dibujos y me contrataron para una campaña de animación.

Tigre por Mariano Gil

Tigre por Mariano Gil

León por Mariano Gil

León por Mariano Gil

MG: Los mejores músicos que conocí en Boston se estaban mudando a Nueva York; y yo quería ir allí también. Me había graduado en la escuela de música, había estado tocando con bandas y clubes desde Buenos Aires. En aquel momento, mientras estaba en Boston, muchos de los músicos de jazz querían hacerse famosos. Era una época especial para el jazz. Al principio no tocaba mucho en Nueva York porque necesitaba ganarme la vida, y el trabajo de las ilustraciones había llegado a su fin. Hacía ilustraciones y gráficos de computación, muchas carátulas artísticas para CD, y también tenía algunos alumnos particulares de música. Hace tres años había comenzado a dar clases de ajedrez para niños en escuelas privadas.

E: ¿Nos podés hablar un poco sobre la manera en la que las enseñanzas han tenido o no un impacto en tu música y en tu arte visual?

MG: Para mí, funciona de dos maneras: probablemente la música y el arte hicieron que se me abriera a la posibilidad de algo más, lo que -al final- resultaron ser las enseñanzas budistas, y por último, el Dzogchen y las enseñanzas de Chögyal Namkhai Norbu. Definitivamente, luego de haber comenzado a practicar Dzogchen, empecé a entender que una gran parte del estado mental del músico era eso: estar perfecta y completamente integrado con el sonido. Por ejemplo: el jazz puede tener la reputación de ser intelectual, y uno puede ir por la ruta intelectual y acceder a él inicialmente de manera intelectual; a pesar de que tradicionalmente yo no piense que sea de este modo. El jazz viene del blues, que es más una tradición oral que ha sido perdida. Esto es, quizás, el por qué a la gente no le guste el jazz, ya que se ha convertido en otra cosa. Pero, cuando estás interpretando música, -en concreto lo que se conoce como improvisación -(que tampoco se entiende) no significa que hacés lo que querés cuando querés. Significa que estás muy presente; por lo cual, podés conectar ambos: la tradición y los músicos que te rodean, con tu conocimiento de la música. Así, podés responder y algo surge de manera natural en el momento. Por lo tanto, si estás pendiente de tu cabeza, te desconectas del público y de los músicos que te rodean. A veces, escucho a músicos que no son practicantes, que al describir sus experiencias dicen que el estado, la abnegación, o algo que tiene que ver con el momento en el que pueden dejar ir sus ideas, sucede algo como si fueran ellos los interpretados. Es como si sus dedos respondieran a esa otra cosa.

En lo que respecta al arte, está muy presente en mi familia. Pero tengo que decir que soy autodidacta. Yo tenía mucho interés en el arte “budista” y me encantaba el arte que había visto en los textos médicos. Me gusta la manera en la que se representan los animales. Creo que nunca he tenido un acercamiento realista al dibujo. Yo siento que siempre hay algo que uno trae de cualquier manera a la realidad, no como algo matemáticamente perfecto o así. Siempre hay un prisma. Así fue que hice algunos de esos animales a mi estilo.

Mariano (a la derecha) con Lynn Newdome (izquierda) y Michael Katz (centro) después de recibir sus diplomas de Instructores de Santi Maha Sangha en Dzamling Gar, Tenerife, España.

Mariano (a la derecha) con Lynn Newdome (izquierda) y Michael Katz (centro) después de recibir sus diplomas de Instructores de Santi Maha Sangha en Dzamling Gar, Tenerife, España.

E: Acabas de convertirte en Instructor del nivel de la Base del Santi Maha Sangha aquí en Dzamling Gar, Tenerife. ¿Te gustaría hablar un poco sobre esta experiencia?

MG: Fue una gran experiencia que me enseñó muchísimo. Yo había dado el exámen y había hecho el Entrenamiento de la Base unos 20 años atrás. Desde siempre había estado en mi mente, pero debido a muchas complicaciones y al haber sido padre, se me presentaba siempre algún tipo de dificultad. Sentía que era importante obtener la autorización para poder ayudar a las personas de manera correcta y honesta. La preparación fue un verdadero desafío que me llevó mucho tiempo. Pero estaba muy inspirado al poder estudiar nuevamente de manera muy ardua, utilizando mi memoria con ese fin. El desafío de explicar frente a Rinpoche y a los miembros de la Comunidad fue una experiencia de gran aprendizaje.

En los exámenes, conocí mucha gente fabulosa con los cuales nos brindamos mucho apoyo los unos a los otros. Entendíamos el desafío que suponía el exámen, como la responsabilidad que teníamos al adquirir este compromiso. Realmente fue maravilloso. Ahora, estoy por regresar a Nueva York y a Kundrolling, que tiene algunos desafíos financieros. Pero tengo grandes esperanzas para la Comunidad, ya que he visto cambios grandes y siento que la Comunidad de Nueva York está en un lugar maravilloso: por la energía, ya que es un lugar donde no hay disputas, donde todos parecen estar ahí para ayudar, para aprender más y más. Con suerte, tendremos algunos grupos de estudio de manera regular. Parece que Nueva York es un lugar importante donde hay muchas cosas que nos llaman la atención. Pienso que es muy importante para nuestro centro tener algo que ofrecer, porque creo que en Nueva York hay grandes personas, gente con talento y una comunidad tibetana en el barrio de Queens. Espero que podamos organizarnos juntos, y que podamos colaborar para hacer que el centro sea muy activo.

Inauguración de la exposición de arte en el Consulado de Argentina en la ciudad de Nueva York

Inauguración de la exposición de arte en el Consulado de Argentina en la ciudad de Nueva York

Traducido por : Dragana Lukic Tesanovic