Fusionándonos con el verdadero ser mientras morimos

Charla dada por Elio Guarisco, 19 de octubre 2011, en la Semana Cultural Tibetana en Tenerife, Islas Canarias, España.

Primera publicación en The Mirror, número 114, 2012.
Revisada por el autor en 2018.

Traducido por : Laura Yoffe

Las fotos fueron tomadas en el Lhakhang Chenrezig del monasterio Lamayuru de Ladak ( en septiembre del 2010), y dadas como cortesía por Elio Guarisco. El fotógrafo fue Dorjay Angdus (Kaya).

El Libro Tibetano de los Muertos

Me gustaría hablar un poquito sobre ‘El Libro Tibetano de los Muertos ’ que está conectado con la creencia existente en los Himalayas y Oriente -en general- sobre la mente que continúa después de la muerte.

El momento de la muerte es un momento crucial de nuestra vida. Cuando morimos, todas las funciones de los sentidos y la respiración cesan; pero la mente y las energías sutiles -que sirven como su montura- permanecen en el cuerpo durante un tiempo. Es durante ese período que se experimenta la claridad luminosa, o la naturaleza de la mente.

Para la gente común, el momento de ver la claridad luminosa puede ser muy corto, como el chasquido de los dedos, y la experiencia puede pasar casi inadvertida. Pero, para quien se ha entrenado durante su vida en el reconocimiento y en permanecer en esa claridad luminosa (que es la naturaleza de nuestra mente ordinaria), ese momento puede durar varios días, y puede ser una experiencia crucial.

Este es el motivo por el cual, las enseñanzas relacionadas con ‘El Libro Tibetano de los Muertos ’ habla de cuatro bardos o estados intermedios. El primer estado intermedio es nuestra vida en sí misma. Si queremos que el momento de morir sea realmente significativo, no debemos vivir como animales, trabajando sólo por la comida, la vivienda y la riqueza.

Dos Herukas airados, visiones del bardo del Lhakhang Chenrezig del monasterio Lamayuru en Ladak.

Debemos hallar el verdadero propósito de nuestra vida. En Dzogchen, la enseñanza más elevada que encontramos en el Budismo Tibetano, se dice que el propósito de nuestra vida es descubrir nuestra verdadera naturaleza. Esta naturaleza verdadera es la naturaleza de la mente que está siempre con nosotros, y que se manifiesta en el momento de la muerte, en forma desnuda con toda su luminosidad.

La Naturaleza de la Mente

Cuando decimos ´luminosidad´ no nos referimos a la apariencia de la luz. Estamos hablando de la naturaleza de la mente que no tiene forma, ni color; y cuya naturaleza no puede expresarse con palabras. Existe la mente y la naturaleza de la mente, tal como el fuego y la naturaleza del fuego, que no son lo mismo; ya que no son completamente distintos.

La mente se refiere a la facultad que yo uso, por ejemplo: cuando estoy hablando ahora para poder coordinar algunos recuerdos que escuché sobre la enseñanza. La mente es lo que ustedes usan cuando tratan de entender lo que estoy diciendo. Pero la mente es algo limitado, es juicio, y depende de los sentidos, del tiempo y del espacio.

La mente cambia según el tiempo y el espacio, o la situación en la cual uno está. Por ejemplo: ustedes pueden estar cenando en un restaurante muy lindo sintiéndose muy felices. Ese es el estado de la mente cuando están en un lugar en particular,posiblemente con alguien que les gusta. Pero, si en cambio, están en la calle y una persona les hace un comentario sobre su novia, su mente se enoja y comienzan una pelea. Ese enojo también es su mente. La mente cambia rápidamente de ese modo.

También, las opiniones que tenemos sobre el mundo, la política, las finanzas, la ecología, la espiritualidad, etc., todo aquello a lo que le damos gran importancia es la mente: inestable y cambiante. Es algo que cambia como en el ejemplo que les di, donde la mayor parte del tiempo, las opiniones que mantenemos con gran apego son inútiles.

‘En el segundo día , los reinos de completa alegría y beatitud aparecen en la dirección del este con Aksobhya yab yum rodeado por su séquito.’

La naturaleza de la mente está más allá del juicio: no depende del tiempo ni del espacio ni de las circunstancias en las que nos encontramos. Por ejemplo: si pensamos en el cielo, hoy no está muy lindo, hay muchas nubes. Estas nubes son como nuestra mente. Pero cuando las nubes han pasado, aparece un cielo azul que es como la naturaleza de nuestra mente. En realidad, el cielo azul siempre está allí, aunque esté oculto por nubes. La naturaleza de nuestra mente nunca cambia, más allá de lo que hagamos. Siempre es la misma.

Usualmente, la gente que está en un camino espiritual piensa que éste es el modo en que su mente se transforma de algún modo y se torna diferente: pero eso no es verdad. La naturaleza de la mente siempre es la misma. Si piensan que están progresando en el camino quiere decir que tienen el concepto de ´progresar´. Actualmente, no hay nada como eso.

Hay un tipo de espacio luminoso en nosotros que siempre ha estado allí. Un espacio que como ha sido, será; que no mejorará ni será peor. En Dzogchen , este espacio es denominado ‘la naturaleza de la mente’.

Es inmutable, pero la naturaleza de nuestra mente no es como una piedra: tenemos sentimientos, pensamientos y emociones. Pero, cuando no reconocemos el espacio que nunca cambia dentro nuestro, quedamos dominados por las nubes de la mente: los sentimientos, los pensamientos y las emociones.

Durante el estado intermedio de la vida, un practicante de Dzogchen aprende cómo reconocer, familiarizarse con y permanecer en ese espacio. Si somos capaces de estar en eso, podemos tener pensamientos y sentimientos; pero, en vez de estar dominados por ellos, podemos usarlos. Nuestra vida es muy importante, muy preciosa porque durante la vida tenemos la oportunidad de aproximarnos al entendimiento de la naturaleza de nuestra mente, de lo que somos realmente.

La Claridad Luminosa de la Muerte

¿Qué sucede cuando morimos ? Es casi como cuando nos dormimos. Cuando nos dormimos, la conciencia de nuestros sentidos se retira, y por unos momentos, incluso nuestra conciencia mental no funciona: éste es un tipo de estado no-conceptual.

Lo mismo sucede cuando morimos : todas las funciones de nuestros sentidos, nuestros pensamientos y emociones se disuelven, y tenemos la experiencia de la naturaleza de la mente, clara como el cielo libre de nubes. Aquellos que en su vida se han entrenado para familiarizarse con el espacio que es como el cielo dentro de sí mismos; ahora, en el momento de la muerte, se encontrarán con la naturaleza de la mente en su totalidad y sin obstrucciones.

Si uno no está familiarizado y ha practicado en su vida la transferencia de la conciencia, tendrá, sin embargo, la posibilidad de transferir la propia conciencia a una tierra pura donde podrá continuar su propia búsqueda hacia la realización.

Si -incluso- esto no fuera posible, un maestro experimentado podrá ser convocado para conducir el ritual de transferencia de la conciencia del difunto.

Buda Aksobhya yab yum.

¿Qué sucede cuando en forma desnuda reconocemos la naturaleza de la mente que se nos aparece en ese momento? Descubrimos nuestro suelo o nuestro ser, lo que somos realmente. En el sistema Dzogchen se dice ´iluminación´. La iluminación no es algo que alcanzamos después de seguir un camino espiritual, creando méritos y desarrollando sabiduría. La iluminación es nuestra naturaleza real. Si nos hemos entrenado en vida y no hemos reconocido esa naturaleza plenamente, tendremos la posibilidad de realizarla en el momento de la muerte. Esta es la forma más elevada de transferencia de la conciencia en la que la conciencia no está yendo a ningún lugar; permanece en su propio estado natural de iluminación.

Para ayudar a que una persona reconozca la claridad luminosa que aparece como su propia naturaleza, se le lee al difunto un pasaje de ‘El Libro Tibetano de Los Muertos ’ para ayudarlo a unir lo que practicó en su vida: este pasaje es una manera de señalarle la naturaleza de la mente.

En la región de los Himalayas existe la costumbre de dejar el cuerpo de la persona fallecida durante tres días sin mover, porque- si fue un practicante espiritual- podrá permanecer en el estado de la ´claridad luminosa´. Algunos practicantes podrán permanecer más tiempo en ese estado, durante 8 ó 10 días, o -incluso -durante un mes. El cuerpo está clínicamente muerto, pero la mente aún está allí, y habrá signos de ello porque su cuerpo no decae y permanece sentado con la cabeza derecha y la tez clara.

Por ejemplo: unos años atrás, cuando vivía en Darjeeling (India) y trabajaba con traducciones, un monje viejo de la tradición Drukpa Kagyu me ayudó a entender detalles de la biografía de Shakya Shri, un lama famoso del pasado. Después de un año o más, el monje falleció. Cuando supe que había fallecido, fui a darle mis condolencias al monasterio donde había vivido. Los monjes habían arreglado su cuerpo colocándolo en el medio del templo, donde lo mantuvieron durante ocho días. Su cuerpo fue exhibido para que todos lo pudieran ver. El estaba muerto, pero su tez estaba como si aún estuviera vivo, ya que no habían signos de degeneración del cuerpo. Cuando fui allí, vi varios arco iris que bajaban desde el cielo, exactamente sobre la casa donde estaba dispuesto el cuerpo.

También hay otros signos indican que el difunto está en el estado de ´claridad luminosa´: un leve calor en la región del corazón. Luego, cuando la cabeza cae, salen líquidos de la nariz y cambia la tez del rostro. Estos son signos de que la mente ha dejado el cuerpo.

Cuando el cuerpo de un buen practicante es cremado, pueden manifestarse muchos signos de su realización. Estos pueden ser signos externos en el ambiente como un arco iris , nubes coloridas, luces extrañas que aparecen en el cielo, etc.. Tales signos son descriptos en detalle en algunas escrituras Dzogchen . Incluso, durante la cremación, pueden aparecer cenizas como reliquias de distintos colores originadas en diferentes partes del cuerpo; y también puede haber un tipo de polvo rojo llamado sindura.

Recuerdo que unos años atrás, cuando estaba en Tashi Jong, un lugar en India donde un maravilloso yogi había fallecido, Raimondo Bultrini, un periodista amigo mío y yo fuimos a ese monasterio. El último Dorzong Rinpoche, lama a cargo del monasterio, nos mostró las reliquias de ese yogi. Estas eran muy pequeñas, tal vez de 1 mm de diámetro, de colores hermosos como turquesa y rojo. El lama nos dio una lupa para que pudiéramos verlas. Cuando miramos a través de la lupa, pudimos ver que eran miniaturas como conchas, perfectamente formadas. En los huesos que quedan después de la cremación pueden aparecer algunas letras o formas de letras o deidades. Todos estos signos indican que la persona alcanzó un alto nivel de realización.

 

Estado intermedio de realidad

Para quien, en el momento de la muerte reconoce su verdadera naturaleza, no habrá estados intermedios a posteriori. Pero, si la persona no tuvo ese entendimiento, después de la experiencia de la ´claridad luminosa´, entrará en un estado de inconciencia durante tres días y medio; y cuando despierte de este estado, entrará en lo que se llama ‘estado intermedio de realidad’.

En este estado intermedio, la naturaleza de la mente se manifiesta completa y desnuda. Durante este estado intermedio, nuestro juicio común- de la mente que piensa- no está activo; por eso, las visiones que tenemos surgen directamente del potencial puro de la naturaleza de nuestra mente.

Si durante nuestra vida fuimos introducidos a la práctica de las deidades pacíficas y coléricas, estas visiones podrán aparecernos en el estado intermedio. Pero, por supuesto que estas visiones no se les aparecen a todos: incluso los tibetanos que no recibieron este tipo de introducción ni de explicaciones, no tendrán esas visiones.

Primera imágen del srid pa bar do. Las inscripciones dicen: ‘Muchas apariencias particulares surgen: vientos salvajes, calentadores de carne y caníbales blandiendo numerosas armas, seguidos por bestias salvajes, tormentas de granizo, montañas que colapsan, inundaciones, incendios que se dispersan, fuertes vientos que caen desde un montaña blanca, negra y roja.

Todos podrán oir sonidos de truenos y ver luces flameantes como manifestaciones de la verdadera naturaleza de la realidad. Si se nos introdujo al principio de que las cosas se manifiestan desde nuestra verdadera naturaleza a través de sonidos, luces y rayos, cuando tengamos estas experiencias no nos sorprenderá ni nos asustaremos: los reconoceremos como nuestra propia energía.

Y si durante nuestra vida fuimos introducidos al principio de las deidades pacificas y coléricas, luego, en el estado intermedio de la realidad, las reconoceremos como nuestras, fusionándonos con eso; y en ese momento alcanzaremos la liberación.

Ahora, quiero explicar un poco lo que son las deidades. Antes que nada, éstas no son algo que no está relacionado con nosotros: representan nuestro maquillaje psicofísico, los diversos aspectos de nuestro cuerpo y nuestra mente, todo lo que constituye nuestra persona.

Cuando hablamos de deidades pacíficas nos referimos principalmente a los cinco Dhyani Budas que representan nuestros propios elementos psicofísicos constitutivos . Por ejemplo: Vairochana, blanco, representa nuestro cuerpo. Akshobhya, azul, representa nuestra conciencia. Ratnasambhava, amarillo, representa nuestros sentimientos – placer, dolor, etc. Amitabha, representa nuestro reconocimiento mental de las cosas. Amoghasiddhi, representa nuestras voliciones. Las contrapartes femeninas , en cambio, simbolizan los elementos de nuestro cuerpo: tierra, agua, y así en más.

Los Cinco Budas también representan nuestras emociones o el aspecto puro de estas emociones. Generalmente, en Budismo, las emociones son consideradas como venenos. Por supuesto que si tenemos una capacidad inferior, esto puede ser verdad; pero si tenemos la habilidad de reconocer la naturaleza de nuestra mente, las emociones podrán sernos útiles en el camino a la auto- realización.

También, la naturaleza de nuestra mente no es sólo un mero espacio vacío, una nada; también es energía, potencialidad de percibir y de aparecer como cualquier cosa. Estos dos aspectos de vacuidad calma y energía en movimiento son el verdadero principio que está conectado a las deidades pacíficas y a las coléricas, respectivamente.

Entonces, cuando despertamos del estado de inconciencia que sigue a la experiencia de la claridad luminosa del estado intermedio de la muerte, en el primer día tenemos la visión de Vairochana y su séquito. Vairochana representa el aspecto puro de la ignorancia como la sabiduría de la verdadera naturaleza de la realidad. En relación a las otras cuatro sabidurías, debemos saber que la sabiduría de la verdadera naturaleza de la realidad no es la sabiduría de algún ser iluminado separado de nosotros mismos, sino una fasceta de la naturaleza de nuestra propia mente.

En ese momento, aparece una luz brillante que simboliza la sabiduría que surge del corazón de Vairochana que llega a nuestro corazón. La luz que simboliza la sabiduría de Vairochana es como una soga que nos conecta a la visión frente a nosotros que representa la sabiduría de Vairochana, un puente a nuestro verdadero ser. Pero – al mismo tiempo- tenemos otra luz que llega a nuestro corazón. Es una luz blanca tenue, del mundo de los seres celestiales, que es como un camino que fue creado por nuestras propias tendencias habituales acumuladas durante nuestra vida.

Por ejemplo: si tenemos mucha ignorancia, esta tendencia habitual se convertirá en el camino que nos llevará a una existencia futura que tendrá ese mismo aspecto. Tal vez, nos convertiremos en un ser celestial que, sin ignorancia, pasará su vida completamente distraído por el placer. Así es como tenemos estas dos posibilidades: reconocer la luz de la sabiduría -que es nuestra propia sabiduría-; o ir hacia la luz, que es el camino que fue creado por nuestras tendencias habituales, que nos llevarán hacia otra forma de vida condicionada y repetitiva.

La asamblea de las cincuenta y ocho deidades coléricas con sus séquitos

En el segundo día aparece Akshobya, un Buda azul que representa el aspecto puro de la rabia como ´la sabiduría cual espejo´.

En el tercer día, aparece la visión de Ratnasambhava, que simboliza el aspecto puro del orgullo, como la ´sabiduría de la igualdad´.

En el cuarto día, aparece la visión de Amitabha, que simboliza la discriminación y los aspectos puros del apego que es la ´sabiduría de la discriminación´.

En el quinto dia, aparece la visión de Amoghasiddhi, que simboliza el aspecto puro de los celos, la ´sabiduría que realiza todas las acciones´.

Por eso, cada día aparece la luz de la sabiduría del corazón del Dhyani Buda que llega a nuestro corazón como una luz débil de uno de los reinos de existencia. Las luces brillantes son las de la sabiduría; y las luces débiles son las de los reinos de existencia. Cuando nuestras emociones- como el apego- se han acumulado a lo largo de la vida, como un montón de estiércol de vaca, al morir su potencial se convertirá en nuestra visión o nuestra vida futura.

Tenemos seis emociones básicas que corresponden a los seis reinos de existencia: ignorancia -reino celestial; celos-reino de los titanes; rabia-reino infernal ; orgullo-reino humano; apego-reino de los espíritus atormentados ; y todos los distintos tipos de emociones- reino animal. Estas son asociaciones particulares entre las emociones y los reinos halladas en ‘El Libro Tibetano de los Muertos’.

Por ejemplo: si acumulamos suficiente enojo en nuestra vida, en el momento de morir entraremos en la visión del infierno, que significa que naceremos como un ser infernal. Algunas personas se preguntarán si la visión del infierno es real o no. Es real, tal como una percepción subjetiva donde la visión es real para uno mismo. Pero, el infierno no existe en ningún lugar más allá de nuestra propia visión. Sin embargo, otros seres que tienen el mismo karma podrán compartir esta visión; por ese motivo, los reinos de existencia son –básicamente- visiones creadas por el karma colectivo compartido por los seres.

Cuando las luces brillantes de las sabidurías de los cinco Dhyani Budas aparecen junto con las luces débiles de los seis reinos de existencia, existe la posibilidad de elegir si nos dejamos llevar por la luz de la sabiduría o por la luz de un reino de existencia. Pero, por supuesto que -como estamos muertos- las tendencias habituales que hemos creado en vida podrán influenciar nuestra elección. Entonces, el leerle las instrucciones de ‘El Libro Tibetano de los Muertos ’ funcionará como un recordatorio para que el difunto pueda seguir la luz de la sabiduría.

Entonces, en el primer día del estado intermedio de la realidad, se debe leerle al difunto las instrucciones de ‘El Libro Tibetano de los Muertos’ que dicen : “Desde el centro del universo aparece Vairochana, blanco, desde su corazón la luz de la sabiduría llega hacia nuestro corazón; pero también hay otra luz del reino celestial creada por nuestras tendencias habituales. No sigas la luz de los reinos celestiales, sigue la luz de la sabiduría.” Si al escuchar las instrucciones, el difunto sigue la luz de la sabiduria, él o ella se unirá a Vairochana.

Elio Guarisco

Esto no quiere decir que esa persona se unirá a una estatua o a una pintura, o a otro ser diferente de si mismo; se unirá a aspectos de sí mismo que se manifiestan afuera. Al darnos cuenta de que cualquier visión que vemos afuera es -en realidad- uno mismo, volvemos al suelo original del ser que siempre ha sido iluminado antes de la visión dualista de sujeto y objeto que emerge de esto. Superamos el sentido de dualidad de nosotros mismos como ´el observador´ y ´el mundo observado´. Nos damos cuenta de que todo lo que aparece, todo el universo es -en realidad- nuestro propio ser.

Si pudiéramos darnos cuenta de esto durante nuestra vida, sabríamos lo que Tilopa ( un famoso  siddha hindú) dijo acerca de que : “La visión no es un problema. Apegarnos a esa visión en términos dualistas, es el problema.” Por eso, no importa si tenemos buenas o malas visiones, eso está bien. Pero, si nos apegamos a ellas, significa que vemos algo distinto de nosotros mismos, y eso es un engaño.

En el sexto día del estado intermedio de la realidad de la sabiduría, los cinco Dhyani Budas se manifiestan simultáneamente desde los corazones de los Rigdzin o detentores de sabiduría, junto con la luz débil de los reinos de existencia.

Entonces, cada dia, cuando una deidad pacífica aparece, tenemos la posibilidad de alcanzar la libertad del dualismo. Si esto no ocurre, las mismas deidades se nos manifestarán en formas coléricas más difíciles de reconocer como manifestaciones propias de nuestro ser si no nos hemos familiarizado con ellas en nuestra vida. Estas deidades coléricas inspiran miedo. Comparado con sus cuerpos inmensos, nosotros somos como pequeños insectos frente a sus pies. Si esa deidad moviera un dedo de su pie, podría aplastarnos como a una pequeña hormiga.

Palabras de ´El Libro de los Muertos´ como recordatorio

Cada dia del estado posterior a la muerte, se le lee al difunto una parte de ‘El Libro Tibetano de los Muertos ’ para que pueda reconocer las visiones que se le aparecen a él o a ella.

En ese momento, usamos las instrucciones de ‘El Libro Tibetano de los Muertos ’ que está especialmente relacionado con el estado posterior a la muerte. Ese estado post- mortem también es explicado en el Budismo clásico; pero en el tantra, las explicaciones son más extensas y -por algún motivo- se tornan cruciales y son muy detalladas en la enseñanza Dzogchen.

‘El Libro Tibetano de los Muertos ’ pertenece a una tradición particular que es conocido en Tibet como la tradición  terma en la que algunos maestros descubren escrituras, objetos, etc., que fueron escondidos durante largo tiempo en rocas, montañas, templos, etc. A veces, estas enseñanzas no son objetos materiales que son descubiertos en un ambiente exterior; sino que son revelaciones que le llegan a una persona en sueños o en el estado despierto.

En la escuela Nyingma del Budismo Tibetano se dice que estos tipos de revelaciones están conectadas a las enseñanzas originales de Padmasambhava, maestro que trajo el Budismo a Tibet. La guía y las instrucciones contenidas en ‘El Libro Tibetano de los Muertos ’ son consideradas enseñanzas de Padmasambhava.

Este libro fue descubierto por Karma Lingpa en el siglo XIV, en las montañas en Tibet, cuando tenía quince años. Estas enseñanzas difundidas a lo largo de Tibet presentan instrucciones específicas para guiar a la persona moribunda a reconocer lo que le sucede a él o a ella en el momento de la muerte: para que pueda reconocer las visiones del estado intermedio de la realidad, para asistirlo para que él o ella puedan elegir – si la liberación no fue alcanzada antes- un renacimiento favorable.

‘El Libro Tibetano de los Muertos’ brinda instrucciones para la persona fallecida: – “Ahora, tal y tal deidad colérica, que es de tal y tal color, con tal y tal cara, que sostiene tal y tal objeto, se manifiesta ante ti. ¡No te asustes ! Esa deidad está siendo emitida desde tu propia mente. Nuevamente, tienes la posibilidad de reconocer esto. Nuevamente, tienes la posibilidad de unirte con el suelo original de tu ser”.

Entonces, si durante nuestra vida fuimos introducidos y estamos familiarizados con estas deidades, ‘El Libro Tibetano de los Muertos’ podrá ser una herramienta importante para volver a despertar en el difunto el reconocimiento. Si no desarrollamos ese tipo de familiaridad durante nuestra vida, el reconocimiento se tornará difícil.

En la inscripción se lee : ‘En el séptimo de la tierra pura de Khechara, las deidades Vidyadhara vienen a encontrarse con [el difunto]. Desde los Vidyadharas aparecen las cinco consortes, y alrededor de ellas, una asamblea de incontables dakinis: aquellas de los cementerios, las de las cuatro familias, las de los tres lugares, las de los veinticuatro lugares sagrados, junto con los guerreros masculinos y femeninos, protectores y guardianes.’ Cada Vidyadhara es identificado por una inscripción: rNam par smin pa’i rig ‘dzin, Sa la gnas pa’i rig ‘dzin, Tshe la dbang ba’i rig’dzin, Phyag rgya chen po’i rig ‘dzin, Lhun gyis grub pa’i rig-‘dzin. Una luz de cinco colores de una cognición co-emergente prístina (Lhan cig skyes pa’i ye shes) emana del corazón de cada Vidyadhara y alcanza el corazón del difunto, junto con la débil luz verde del reino animal (dud ‘gro’i ‘od ljang-khu).

El Estado Intermedio de Renacimiento

Cuando el estado intermedio de realidad finaliza, entramos en el estado intermedio de renacimiento, que quiere decir que estamos en vías de tomar otro cuerpo. Durante este tiempo, las impresiones de nuestras acciones pasadas vienen todas juntas para influenciarnos como nubes amasadas en el cielo. Ahora, será mucho más difícil tener un reconocimiento de nuestra naturaleza real. A veces, podremos tener una visión de una muchedumbre de gente enojada que nos acecha desde atrás, como una guerra donde gritan y tratan de matarnos, como una guerra donde -cuando estamos con miedo y tratamos de escapar- entramos en la oscuridad o en huracán, o en una ventisca de nieve o de granizo. Queriendo escapar de este sufrimiento, crece el deseo de otro cuerpo y de otra existencia.

En este momento, muchas instrucciones de ‘El Libro Tibetano de los Muertos’ podrán ayudar a la persona, antes que nada, a no tomar un renacimiento; y si después tiene que hacerlo, podrá elegir un renacimiento bueno. De hecho, en este punto, mientras escapa de los diversos sufrimientos, el difunto tiene visiones de sus futuros padres en un encuentro sexual y querrá entrar en el medio de esa unión. Si lo hace, tendrá un renacimiento. Podrá renacer como ser humano; pero si hubiera dos perros teniendo relaciones sexuales, podrá despertar como un perro pequeño,- tal vez- como un perro macota en una casa hermosa, o como un perro abandonado en una calle de la India.

Además, ‘El Libro Tibetano de los Muertos’ instruye al difunto en los signos que él o ella deben seguir y en los que no. Hay signos que indican un reino o un continente en este mundo donde poder renacer . Estas instrucciones ayudarán al difunto a encontrar un renacimiento en un lugar donde podrá continuar el camino de auto -realización que él o ella comenzó en su vida previa.

El mensaje crucial de ‘El Libro Tibetano de los Muertos’ está conectado con el reconocimiento de la visión que tiene uno de su propio ser; y ése es el motivo por el cual, esta enseñanza está tan conectada con el Dzogchen, y – en particular- con la práctica de thogal .

Entonces, ‘El Libro Tibetano de los Muertos’ no sólo es un fabuloso libro para leer, también es un recordatorio de la necesidad de aplicar y de practicar las enseñanzas en vida, para que uno esté preparado para enfrentar el momento de la muerte y lo posterior a la muerte.