La Odisea Espiritual de Freda Bedi – Norma Levine

Publicaciones Shang Shung, 318 páginas

Revisada por Alexander Studholme

Norma Levine continuamente basó las experiencias de su propia vida en el Dharma, convirtiéndose en una de nuestras principales cronistas e intérpretes del budismo tibetano que introdujo en el mundo moderno. Al igual que muchos americanos y europeos, fue arrastrada de manera irremediable a la órbita de los lamas tibetanos. El punto de inflexión en su vida parece haber sido su encuentro con el 16º Karmapa, el majestuoso Rangjung Rigpe Dorje. En 1977, en una granja de Gales, asistió a una de sus ceremonias de la Corona Negra y nunca más volvió la vista atrás. De algún modo, el sentido de su vida como escritora parece haber sido el intento de averiguar exactamente qué fue lo que le impactó aquel día.

En la Odisea Espiritual de Freda Bedi, dirige su considerable talento literario hacia alguien a quien consideró en primer lugar como una figura periférica del séquito del 16º Karmapa: una monja inglesa, “una gran organizadora, una realizadora de buenas obras”, cuya muerte -en 1977- pasó sin grandes menciones en los círculos budistas. Pero las reseñas hechas sobre esa muerte que indican que mostró signos de un tránsito como una yoguini realizada, provocaron que Levine reconsiderara la importancia y el papel de esta mujer. El resultado es esta sorprendente, agradable y maravillosa pieza biográfica espiritual que -de manera convincente- nos presenta un nuevo ícono de la reciente historia budista: una mujer occidental que fue absolutamente vital para la preservación del Dharma tibetano en el exilio, y cuya vida personificó la espiritualidad tibetana en el sentido más completo. Según Tai Situ Rinpoche, ella fue, de hecho, la primera mujer occidental en alcanzar la iluminación.

La esencia de la remarcable historia de Freda Bedi ya es bien conocida. Nacida en 1911, en una familia inglesa de clase obrera, estudió en Oxford, donde conoció a su marido hindú, a quien siguió ulteriormente para convertirse -por derecho propio- en una figura importante en la lucha por la independencia de la India. Siendo amiga de los miembros de la dinastía mandataria Nehru, acompañó en 1959 a Indira Gandhi en un viaje al noroeste de la frontera de la India, donde llegaban en manada los refugiados tibetanos. Entendiendo la urgencia de la situación, fundó el Grupo de Amistad Tibetano para encontrar patrocinadores extranjeros para los refugiados, y -más o menos- estableció por sí misma una escuela para los jóvenes tulkus. Después, se dedicó a la práctica espiritual, llegando a ser la primera mujer occidental en ordenarse como monja budista tibetana. Como discípula muy próxima al Karmapa, lo acompañó en su primer viaje histórico a Occidente.

Lo que Levine hace es replantearse esta forma narrativa desde el punto de vista del Dharma y argumentando al final que ésta fue una vida de “una dimensión mítica”. Freda – o la Hermana Palmo (llamada así al convertirse en monja) fue una figura maternal ejemplar para los tibetanos en las horas en que éstos sufrian grandes necesidades. Universalmente, fue conocida como “Mummy-La”, incluso por el Dalai Lama. La gente hablaba de ella como una emanación de Tara. Sin su instintiva gratitud hacia las cualidades especiales de los tibetanos, las cosas podrían haber ocurrido de manera muy diferente para los empobrecidos refugiados. Muchos de los tulkus que se convirtieron en los primeros grandes maestros del budismo tibetano en Occidente –  incluyendo a Chogyam Trungpa, Akong Rinpoche, Tarthang Tulku, Geleg Rinpoche y Lama Zopa – fueron a su escuela.

Ella fue quién persuadió y suplicó al Karmapa, reacio en un principio, a viajar y hacer rodar drásticamente la rueda del Dharma.

De su vida personal se puede hacer una lectura igualmente fascinante. De niña tuvo el deseo de tener una experiencia directa de lo divino, estudiando las vidas de los santos y de San Juan de la Cruz, parándose a meditar de manera habitual en la iglesia de camino a la escuela. Cuando conoció a su marido, le enseñó un dibujo que hizo de pequeña: él lo identificó como una imagen de Buda, intuyendo que ella habría sido budista en una vida pasada. En una misión de Naciones Unidas a Burma en 1953, practicó la meditación vipassana y tuvo una experiencia demoledora de despertar que la dejó catatónica durante tres meses: -“Estaba caminando por la calle…cuando de repente experimenté el primer destello de entendimiento – la intercomunicación con todo, eso cambió mi vida por completo.”

Cuando conoció al Karmapa, en 1961, era bastante madura a nivel espiritual.

Su Santidad Sakya Trizin le comentó a Levine que: “ella no sólo tenía un gran conocimiento, sino también un tipo de realización interna”, reconociendo inmediatamente su valía y llevándola a su círculo más cercano. Le pidió establecer un monasterio para monjas en la ladera india y le permitió el singular honor como mujer de vivir en el complejo de su monasterio. Incluso, confiando en ella le permitió actuar como lama dando iniciaciones y la toma de refugio a occidentales a quienes les dio nuevos nombres budistas escritos en el reverso de su propia foto como Hermana Palmo. Según Ayang Rinpoche, maestro del Drigung Kagyupa quien le enseñó phowa, su muerte mostró las marcas de un phowa-dharmakaya exitoso: al afrontar el momento de su muerte estaba en posición de meditación sentada, y su cadáver permaneció fresco y maleable durante varios días después de su muerte.

Este es un libro cálido e inspirador. Levine combina el reportaje y las visitas a lugares de la vida inglesa e hindú de Freda, incluyendo extensas entrevistas, transcripciones de grabaciones inéditas de la misma Freda. Escuchamos a los tres hijos sobrevivientes de Freda y a numerosos tibetanos, que -a menudo –convergen en una atmósfera íntima y acogedora: Kabir Bedi (su segundo hijo y ahora actor reconocido de Bollywood) interpretando una broma sobre Chogyam Trungpa; a Ringu Tulku recordando un chocolate caliente con Mummy. El libro también está lleno de espléndidas fotografías, incluyendo varias del 16º Karmapa, pero- principalmente- de Freda, o la Hermana Palmo en varias de sus poses llamativas y con disfraces agradables (de universitaria era conocida como “Mona Lisa”).

Levine es una romántica, y esto es -claramente para ella- la crónica de una especie de era dorada. Pero tiene un material tan bueno y lo ensambla tan bien como la foto, por ejemplo, de una sonriente Hermana Palmo alimentando a las palomas en Milán, ilustrando así el “viaje espiritual glorioso del ‘74” . Es imposible para el lector no sentirse tocado por la belleza y la alegría de los eventos que se describen.

Disponible en la Librería de la Fundación Shang Shung .

Traducido por: Dragana Lukic Tesanovic