Nepal – Un escenario apocalíptico

Del diario de Andrea Dell’Angelo

Arribo en Nepal

Extrañamente, no hay tráfico en Katmandú. El ambiente parece quieto, inmóvil, ni se escuchan las bocinas de los autos. Nuestro colega Ratna viene a buscarnos. Le sonreímos con los rostros cansados de nuestro viaje y él nos devuelve la sonrisa. No está cansado, sino asustado.

En los costados, a lo largo de las calles, podemos ver paredes colapsadas; en los parques y en cada espacio abierto vemos carpas provisorias de los equipos de ayuda formados por hindúes, chinos, americanos y coreanos. A veces, pasamos frente a una casa torcida, una casa desintegrada, otra inclinada, una torcida, pero lo que más nos golpea es el silencio. Los perros no ladran, no se escucha el zumbido de los autos y ni siquiera los monos gritan.

El día posterior a nuestro arribo visitamos la Escuela Manasarovar que ASIA ha venido sosteniendo durante tantos años. La estructura parece estar bien, sólo tiene unas pequeños rajaduras superficiales, pero afortunadamente no es nada serio. Apenas oímos las noticias sobre el terremoto entramos en pánico y queríamos saber en ese preciso instante si algo malo le había sucedido a los niños y maestros de la escuela. ¡Un edificio de cinco pisos en Katmandu, un edificio de 5 pisos en Bouddha, uno de los más altos!

Tsultrim y Bijaya (las dos directoras) y algunas de las personas mayores de la Comunidad Tibetana vinieron a nuestro encuentro. Nos abrazamos los unos a los otros y vimos miedo en sus ojos: un tipo de miedo que permanece dentro de uno durante mucho tiempo, que lo cambia ya que mueve algo dentro de uno mismo. Todos están asustados: con la más mínima vibración, sus ojos se abren ampliamente y se quedan inmóviles, como esperando lo peor. Muchas familias de los niños de la escuela perdieron sus casas, o peor, perdieron a un ser querido. La comunidad, a menudo formada por Tibetanos refugiados, está una vez más durmiendo afuera, sin hogar, a merced del clima; y los más afortunados tienen una carpa que a menudo es muy pequeña para albergar a toda la familia. No hay baños, no hay recolección de basura, el agua está muy contamida como para ser bebida. Caos.

Después de varios días de encuentros decidimos ir a Baluwa, ubicada en el distrito de Kavre, donde ASIA estuvo trabajando durante muchos años en proyectos sanitarios relacionados con el agua: distribución de agua, plantas de purificación del agua, baños, biogás y otras cuestiones.

A pesar de que las Naciones Unidas consideran este área como de prioridad 3, decidimos ir para ver cómo están nuestros antiguos beneficiarios, las personas para las cuales ASIA estuvo trabajando durante seis años. En el camino hacia Dhulikhel no hay nada. Algunas paredes se cayeron, algunas pocas casas tienen rajaduras. Al dejar el camino pavimentado vemos algunas casas destruídas …que -a decir verdad- son pocas. Sorprendidos por este “milagro”, continuamos hacia el acueducto de Baluwa Oriental. Tiene pocas las rajaduras, los tubos están desunidos, pero nada serio ni irreparable.¡ Gracias a Dios!

El representante del WSC (Comité de Sistema del Agua) viene a nuestro encuentro con lágrimas en los ojos, y nos cuenta que todo es un desastre. ¿Qué ? No entendemos, y pensamos que tal vez está exagerando. Nos lleva al distrito 5 del VDC (Comité de Desarrollo del Pueblo). Llegamos a pie y, a cada paso que damos, vemos un escenario apocalíptico.

Es una imagen común a todo tipo de desgracia, a toda guerra, a todo desastre natural, a lo que-desafortunadamente – estamos acostumbrándonos. El cuadro distante, al tornarse cada vez más cercano, comienza a ser real. Las casas rotas en pedazos y escombros, escombros, escombros Niños desnudos y sucios saliendo de carpas provisorias. Flashes de la vida cotidiana emergen de los escombros, de los caparazones abiertos de ladrillos y de casas de barro – bolsas de arroz, zapatos, potes, radios y muchas cosas más.

Caminamos a lo largo de este mundo destruido, una escena rural post- atómica. Nuestro guía nos señala las casas destruídas, nos cuenta historias, hablando de los muertos y de los vivos. A menudo, el olor de animales en descomposición es insoportable; algunos de nosotros tosemos y otros comienzan a sentir náuseas Estremecimiento y tristeza mezclado con esperanza. Muchas familias ya están ocupadas trabajando en la construcción de refugios para la temporada de los vientos monzones. Les preguntamos si necesitan comida, agua, medicina o alguna otra cosa. Estamos en un círculo con muchos habitantes del pueblo que se unieron a nosotros en nuestro viaje por el miedo; y nos hablan y cuentan tratando de explicarnos cómo están las cosas, cómo viven y cómo seguirán viviendo. En respuesta a nuestra pregunta nos dicen que necesitan algo que los ayude a vivir hasta septiembre, cuando ya haya pasado la estación de las lluvias y tengan la posibilidad de salir adelante y reconstruir.

Al irnos en auto, nuestros ojos permanecen mirando el campo. Cada tanto, alguno de nosotros dice algo de pequeña importancia o de muy poca importancia para ese momento. Pensamos que en dos días más estaremos yendo hacia Rasuwa. Prioridad N 1

ASIA YA COMENZO A HACER OPERACIONES DE EMERGENCIA EN KATMANDU Y EN LOS DISTRITOS RURALES DE RASUWA Y BALUWA, AL NORTE DE LA CIUDAD.

PARA BRINDAR TU APOYO A LA POBLACION NEPALESA

Y SABER MÁS :

www.asia-ngo.org/emergency

Posteado por  Liz Granger // ASIA // June 3, 2015