Una caminata a lo largo de Antiguos Senderos

Por: Oni McKinstry
Traducido por: Laura Yoffe

Cuando uno viaja a China, hay tres cosas que debe tener antes de dejar su país de origen: 1) papel higiénico (suficiente para todo el viaje), 2) WeChat app para comunicarse dentro de China, 3) un VPN para comunicarse afuera de China. Cualquier otra cosa se puede comprar muy barata en China, tanto las versiones falsas como las auténticas de todo lo que uno desee. ¿Cómo será un falso Toyota Landcruiser o un falso BMW?

Tres días antes de dejar Australia hacia la China, recibí un mail de Fabio Andrico donde nos decía si queríamos acompañarlo en su viaje a Gyarong y a Adzom Gar, después del mes de Yantra Yoga en Samtengar. ¿Podíamos decirle no? Con la ayuda de Sean que habla Mandarin fluido, luchamos para reorganizar nuestros pasajes de avión a Chengdu y de vuelta a Australia, diez días después de la fecha de nuestro itinerario original.

Un dia después de la finalización del largo mes del curso residencial de Yantra Yoga, partimos desde Chengdu bien tarde por la noche. El vuelo estuvo demorado. Eran las 3 de la mañana cuando finalmente nos desplomamos en las camas de un lujoso hotel cortesía del Sr Wayne. Al día siguiente, tratamos de hallar un nuevo chofer (debido a los numerosos cambios de planes), que nos llevara a China Occidental. Compramos muchos suministros del famoso supermercado Carrefour.

Chengdu es una inmensa ciudad de aproximadamente 14 millones de personas, situada a 500 metros a nivel del mar. Tiene la reputación de ser la cuarta ciudad más poluída de China. Yo no pude verificar esto, aunque mirando la banda rosa oscura de una densa neblina que colgaba por encima nuestro, y sintiendo el aire acre cosquilleando en mi garganta, no podía negarlo. Nos tomó una hora cuando partimos hacia el oeste, y una hora y media dejar los alrededores de la ciudad.

Nuestro conductor Xiao Ni no hablaba inglés, por lo cual, Sean fue asignado al asiento delantero para hacerle compañía, mientras Fabio y yo nos sentamos cómodamente en el asiento trasero del –afortunadamente- no demasiado antiguo Mitsubishi Pajero. Teníamos un plan abierto para visitar lugares conectados con nuestro Maestro de linaje, y un cronograma aproximado de siete días para lograrlo. El conductor había ido sólo a uno de los sitios de nuestro itinerario, por lo que para él también era una nueva aventura. No necesitamos ninguna visa extra, ya que -técnicamente- estaríamos en China. No habíamos reservado un hotel con anticipación. Fabio y yo estábamos relajados en el asiento trasero, comiendo fruta y sacando fotos por afuera de la ventanilla del auto, mientras que Sean practicaba tocando guitarra y entreteniendo al conductor.

Casas de Gyarong

Casas de Gyarong

Los caminos estaban inclinados levemente, por lo cual, sólo chequeando el altímetro del auto podíamos saber que estábamos escalando en altura. Instantáneamente, estuvimos en el condado de Gyarong , un idílico campo con una arquitectura fantástica de casas y granjas. Fuimos a lo largo de la autovía G137, una ruta de dos manos. ¡Si no experimentaste el estilo de conducir chino, entonces –definitivamente- no has visto nada! Tocar la bocina es un modo de hacerle saber a los otros conductores que estás por pasarlos, a menudo por adentro y a lo largo de la línea central. Con frecuencia era mejor no mirar, y hacer como -si en cambio- uno mirara hacia afuera de las ventanas del auto. Simplemente, nos rendimos a nuestro destino. Aterrizamos en Ma’erkhang, con el conductor lleno de Red Bull chino, manejando como un murciélago fuera del infierno, pasando tubos gigantes de concreto implantados a cada lado del camino que parecían patas gigantes. Algunos tenían losas de hormigón plano por encima, mientras otros esperaban ser conectados. ¡China: en construcción! Los caminos existentes necesitaban –sin ninguna duda -mucha reparación. Pero la masiva expansión de esta autopista pronostica un gran ejército de vehículos en movimiento, lo cual me hacía sentir un poquito melancólico. En un año -aproximadamente- este paisaje sería irreconocible.

El altar de la cueva de Vairochana

El altar de la cueva de Vairochana

Repentinamente, dimos un giro en forma de horquilla hacia arriba, en una carretera de cemento empinada y sinuosa, a 3000 metros de altura. Llegamos a la parada al final del camino cuando el conductor nos dijo que ya habíamos llegado a la cueva de Vairocana – Piluzhena en chino – cercana al Cañon del Rio Suomo y ubicada a pocos kilómetros de la aldea de Zhuokejizhen. Una escalera de metal estrecha y sinuosa, pintada de rojo era el único medio para descender hacia el acantalido y hacia la cueva. Agarrándonos del pasamanos, usamos la completa presencia al dar cada paso, mientras nos aferrábamos a la escalera, abrazándonos a la ladera, donde no había nada entre nosotros y la tierra, sólo cientos de metros abajo, sólo espacio. El templo y las cabañas de retiro habían sido construídas unos 40 años atrás, por lo que, la cueva debe haber estado casi desierta y aislada. El pasado emergía imperceptiblemente junto al presente. Recuerdo haber estado en un estado de absoluto temor, y que aún continúo así. Por ello, las fotos describirán de la mejor manera posible lo que experimenté allí con mis sentidos.

La cueva de Vairochana

La cueva de Vairochana

Un trozo de manuscrito de Vairochana

Un trozo de manuscrito de Vairochana

Como hicimos un curso de medicina de hierbas espantosas para prevenir el vértigo, en el momento que llegamos a la parada de nuestro primer hotel, mi dolor de cabeza no era tan fuerte, por lo cual pude cenar. El Diamox tomó cuatro horas para hacer efecto, y cuando lo hizo, fue un gran alivio sentirse normal. Sean fue con el conductor a buscar estofado y Baijiu (un alcohol infame de $ 2 que pudriría el intestino sin demora alguna). Regresó con leyendas sobre danzas que se hacían en una calle donde lindas chicas tibetanas cantaban canciones que pudimos reconocer porque conocíamos . ¡Que simpático !

Después de un desayuno tradicional de arroz líquido congee y huevos duros a las 7 de la mañana siguiente, partimos hacia un viaje de 10 horas en auto hacia arriba y al oeste. Aquí fue cuando el papel higiénico vino muy bien (perdón por el juego de palabras).A lo largo del camino había baños públicos que eran bloques cuadrados de cemento construídos al azar y rodeados por montones de basura y un gran hedor. La primera vez que vi uno me sentí muy excitado, pero –rápidamente- fui disuadido y luché para meterme entre los yuyos con mi papel higiénico. Estos fueron momentos en que –verdaderamente- deseé poder hacerlo parado. Para hacer frente a la altitud tuvimos que mantener nuestra ingesta de fluidos, lo que significó frecuentes paradas de “miao miao”. El conductor parecía exasperarse por la frecuencia con que necesitábamos aliviarnos, pero creo que secretamente estaba contento ante la posibilidad de detenerse a fumar un cigarrillo y tomar su Red Bull.

El primer objetivo fue en Kwan Yin Qiao, en el Monte Sanpa, a 4200m de altura, donde hubo una lluvia liviana y suave sobre nuestros rostros con una temperatura no demasiado fria (alrededor de 3-4 grados centígrados). Fuimos por un camino sinuoso en una región montañosa, doblamos hacia Luhuo, y nos mantuvimos a lo largo del río Daqu, al dirigirnos hacia Ganzi, a 3200m de altura. Estábamos muy excitados cuando vimos el primer tren de yaks. Aparentemente, son vistos en forma muy rara en zonas más abajo de los 3000m.

Un tren de Yaks

Un tren de Yaks

Ganzi fue nuestra primera ciudad verdaderamente tibetana. Se sentía como estar en un lugar del lejano oeste, con sombreros de cowboy, botas y todo eso. Insistíamos en comer un almuerzo tibetano, por lo que buscamos un café tibetano adecuado. Nos sirvieron tsampa, té de manteca y carne de res hervida (o lo que parecía un bife) que tenía gusto a cinturón de cuero blando hervido. Los músculos de mi mandíbula eran demasiados débiles como para poder comer más de un pedazo del tamaño de una moneda de un dólar. Pero el té y el tsampa estaban deliciosos y nutritivos. Ganzi es una ciudad muy espaciosa, con amplias calles y muchos parques y árboles. Debía haber habido una gran universidad en la ciudad porque podíamos ver muchos jóvenes con libros y uniformes. Nuestro hotel estaba directamente enfrente del lugar de juegos para niños, que tenia una pared amplia en forma de medialuna, con un árbol en el medio. Esa tarde, un grupo de tibetanos locales se juntó para bailar principalmente danzas circulares alrededor del árbol. El clima permitía este suceso habitual. Por supuesto que Sean se unió a la danza. El era el único occidental, lo cual no parecía perturbar a nadie, aunque todos se veían un poco perplejos. Yo no podia ni mover un músculo, por lo cual me senté junto a una pareja de hombres mayores que miraban lánguidamente. En ese círculo habia gente de edades y género diferentes. Adivinando, se podía decir que el menor debía tener ocho años, y el mayor debía estar posiblemente en sus 70. Algunos estaban vestidos con vestimenta tibetana tradicional, mientras que otros seguían el estilo de la moda actual. Nos habían dicho que aquí -en Ganzi- los niños tibetanos podían aprender tibetano en sus escuelas, junto con el mandarín.

Tibetanos danzando en Ganzi

Tibetanos danzando en Ganzi

Al dia siguiente salimos a las  7 de la mañana para nuestro desayuno habitual. Luego, comenzamos a ir hacia arriba, atravesando montañas yendo hacia la aldea de Maqiong. Habia una cordillera tras otra, con distintas formas y alturas que eran mayormente rocosas y de piedra. Las nubes aparecían en medio de un cielo azul y un sol brillante. Pasamos el comienzo de un túnel construido dentro de la montaña, que en unos años más emergerá por el otro lado, para juntarse con el camino hacia la Región Autónoma Tibetana. Eso acortará el viaje en dos horas. A lo largo de sinuoso camino había gigantescas torres eléctricas sobre la ladera, que parecían centinelas de acero reluciente. No existen más zonas salvajes aquí.

La carretera a Maqiong

La carretera a Maqiong

En la union de las carreteras doblamos a la derecha hacia Achaxiang, y luego giramos saliendo de la ruta principal para seguir el río hacia Maqiongxiang, ubicada a 3800 metros de altura. Podíamos decir que estábamos llegando a un lugar importante al ver miles de banderas de oración que cubrían la ladera de la montaña majestuosa con gran cantidad de cuevas cruzando el río. Esa ladera expuesta era el lugar donde Adzom Drugpa descubrió muchas termas. Un poquito más allá recojimos a un hombre tibetano que hacia dedo, y nos llevó hacia arriba por un camino áspero lleno de grandes agujeros, hacia arriba por la ladera. Ni el conductor ni nosotros sabíamos cómo hallar Adzom Gar, y no había modo que pudiéramos encontrar ese camino sin ayuda. Las stupas aparecieron frente a nosotros, mientras que carpas blancas y techos monásticos dorados relucientes podían ser vistas a lo lejos. De repente, llegamos al medio del asentamiento. Fue un momento muy emotivo para todos nosotros.

Adam Gar

Adam Gar

El abad, un Ren, descendiente directo de Adzom Drugpa, habia entretenido a un grupo de discípulos de Chögyal Namkhai Norbu sólo unas pocas semanas antes (ver el artículo de Will Shea sobre Un viaje a Tibet oriental). El abad nos llevó directo hacia la cocina del monasterio y –generosamente- nos ofreció té de mantequilla con tsampa, palitos de masa fritos con yogurt fresco y troma recién hervido.

En la cocina de Adzom Gar

En la cocina de Adzom Gar

Luego, personalmente, no llevó a visitar su monasterio y nos mostró las cabañas de retiro de Adzom Drugpa y las de su hijo e hija. Luego, suavemente, caminamos hacia las stupas y rendimos homenaje a las estatuas, tocándolas con nuestras cabezas. Ahi, tuvimos la sensación de un hilo que -de algún modo- nos conectaba más allá del tiempo y el espacio. Lo más destacado para mí fue la visita al templo que el hijo de Adzom Drugpa, Gyurme Dorje, construyó casi ciento cincuenta años atrás, y que permanecía sin daño alguno. Luego de abrir las inmensas puertas de madera con una gran llave, el abad nos llevó hacia arriba por una baja y amplia escalera, y nos condujo por un corredor angosto hacia un salón oscuro sin luz alguna, donde había dos cajones de monjes a lo largo de la pared. Luego, pasamos una cortina colgante al ir a la sala interna del Gonpa donde habian stupas del linaje de maestros adornadas con piezas grandes de turquesa, Dzi y coral por detrás de cajas de cristal donde también había una fantástica estatua de Adzom Drugpa y una huella de su pie en una roca. Gyurme Dorje había dado enseñanzas de Dzogchen en esa misma sala. Pedimos permiso para sentarnos un ratito y respirar en esa atmósfera sagrada. Yo salí del templo en un estado de conciencia alterado.

Adentro del pequeño gonpa del templo de Gyurme Dorje

Adentro del pequeño gonpa del templo de Gyurme Dorje

Tomamos la ruta Ganbai desde Achaxiang a Anzixiang. No estábamos seguros de si estábamos en el camino correcto, ni cuánto nos llevaría llegar allí. Justo cuando el conductor estaba por dar vuelta, la ciudad de Anzi apareció ante nosotros, a nuestra derecha. Llegamos al puesto de control policial descripto por el abad de Adzom Gar. Ya habíamos oído que algunas personas habían tenido que regresar al no permitírseles ingresar por el camino bloqueado por la barrera. Estábamos un poquito preocupados ante la posibilidad de que no nos permitieran pasar, y ante el tener que caminar hacia arriba en un estado donde la altitud nos desafiaba. Era bastante deprimente pensar que no podríamos llegar a pie. Fabio y yo miramos a Sean y al conductor que hablaban animadamente con el policía vestido con remera negra y jeans durante un tiempo que nos pareció horas. Imaginen nuestro deleite al verlos regresar al auto, y cuando el policía levantó la barrera lo suficiente como para dejarnos pasar. No podíamos creer nuestra buena suerte. Quisimos ofrecerle dinero al policía, pero éste se rehusó. Al final del camino otra barrera sobre un cruce más corto y empinado que llevaba hacia un pequeño templo, cuyo techo casi no se podia ver al mirar al cielo. Un grupo grande de tibetanos estaba corriendo hacia arriba por el camino. Pudimos acercarnos a ellos. Tal vez, sólo el conductor, Sean y Fabio lo lograron, ya que yo levantaba mis piernas pesadas, una delante de la otra, tratando de tocar la tierra nuevamente, mientras mi corazón batía fuertemente en uno de mis oídos. Los monjes locales estaban haciendo una puja por el 10 día. Tan rápido como terminaron partieron. De repente, me encontré solo en un templo interno dominado por una gran stupa blanca. El cuarto zumbó lleno de sonidos, luces y rayos. Mis sentidos estallaban y los pensamientos estaban destrozados como fragmentos de vidrio. Todo lo que recuerdo es esta foto del gran Yogi.

Asentamiento de Yarchen Gar

Asentamiento de Yarchen Gar

Regocijados, pensamos en completar nuestro maravilloso día después del almuerzo con una visita a Yarchen Gar. El área del ‘Gar’ era masiva en una escala inimaginable, con una vasta ladera de pastos sin árboles, con sólo cielo y tierra, y estatuas doradas gigantes, stupas y una construcción principal alrededor. Nos sentamos sobre la ladera donde está asentada la estatua de Guru Rinpche (que mira hacia abajo) viendo llenos de asombro el gran asentamiento debajo nuestro. Esta isla inmensa estaba separada por un pequeño río dividido como un grano de café, con miles de monjes y monjas viviendo en chozas construídas por ellos y separadas al medio. Las llanuras por detrás eran miles en el horizonte. Sólo se podían ver los montes de pastos y el cielo. La parte turística del Gar se veía un poquito llamativa y manufacturada, lo cual se sentía incongruente con las actividades monásticas verdaderas de la zona inferior. Circumbalamos las ruedas de oración principales donde cada rueda parecía pesar una tonelada, y las que crujían suavemente cuando una mano las giraba.

Yarchen Gar

Yarchen Gar

Definitivamente, estábamos muy contentos y satisfechos en nuestro viaje de regreso. Decíamos: ¡Oooh! y ¡Aaah! por el asombro al ver la inspiradora montaña con la luz de un sol poniente que cambiaba de rosa a lila y a púrpura.  En nuestro descenso final por el elevado pasadizo aparecieron nubes oscuras; y en un instante empezó una lluvia repentina con granizo con pedazos tan grandes como mármol que balanceaban el auto a lo largo del camino, convirtiendo el día en noche. Se sentía como la última bendición de un dia magnífico que concluímos haciendo una Ganapuja corta por la tarde, luego de llegar al hotel.

El clima en el viaje había sido increíblemente benevolente, con un sol brillante y con brisas frescas que nos daban alivio. Como teníamos varios días extra libres, decidimos ir a ver nuevamente la montaña de Vimalamitra en Danba. Dimos vuelta sobre nuestros pies hacia Luhuo, tomando la ruta S303 al sur y después al este hacia Danba. Pasamos a través de las pasturas famosas de Minyak, donde en esta época del año no abundaban las flores silvestres, los campamentos nómades ni los yaks. Los nómades mantenían los campamentos de caballos de carrera para los turistas donde los caballos tibetanos tenían monturas hechas con frazadas tradicionales. Pasamos muchos puestos de control policial donde sólo querían tomarmos fotos con nuestros pasaportes. En Danba, se sentía agradable y fácil a una altura de 2050m. Era el corazón del país de Gyarong, donde tres ríos se unen para dar origen al rio Dardo. Allí el paisaje era exuberante con abundantes campos y huertas. La gente de Gyarong usaba vestimenta tradicional, ropa de colores claros y brillantes y muchas joyas de oro. Eran tibetanos de tez más oscura y rechoncha, donde las mujeres tenían hermosos rostros redondeados.

Sean con niñas en Danba

Sean con niñas en Danba

Nuestro hostería en Danba

Nuestro hostería en Danba

Esa noche, paramos en una hostería tibetana, compartiendo un cuarto con cinco camas, todo para nosotros tres. Pensamos que sería una pequeña y acogedora hostería; pero nos sorprendió el vernos en un estacionamiento de barro, con un montón de turistas chinos cargando grandes valijas. Tuvimos que dejar el auto allí y arrastrar nuestros elementos esenciales hacia abajo, por un caminito entre campos de maíz y terrazas de vegetales. Fuimos hacia el edificio tradicional Gyarong construído sobre la ladera. No había mucho para ver allí porque el sol se había puesto. Nos despertamos al dia siguiente con una vista asombrosa del valle, con casas como castillos de piedra que abrazaban las laderas y las terrazas con huertas y campos. Nuestra hostería era una de las muchas que estaban agrupadas, ya que –obviamente- era un gran establecimiento para turismo de masas. Esa mañana, las terrazas estaban llenas de turistas haciendo click, ante esa vista panorámica.

Al cruzar el río, llegamos a la aldea llamada Lugar de Encuentro de las Tres Familias. Después de una hora y media yendo a través de las casas de la aldea y de un pasadizo de piedra hacia arriba, nos detuvimos en una aldea abandonada. Allí tratamos de vislumbrar Mo’erdo, la montaña de Vimalamitra; pero las nubes la escondían con obstinación. Mo’erdo también es una montaña sagrada para los practicantes del Bön. El jóven gerente de la hostería era un alpinista que frecuentemente llevaba grupos de turistas en tours guiados. Había muchas cuevas a dos días de caminata. Aunque esa caminata figura en la lista de nuestras cosas por hacer. Nuevamente, en nuestro descenso, fuimos bendecidos por una lluvia suave que nos refrescaba el rostro.

Pasamos la torre de vigilancia más alta de Gyarong, que estaba en su estado casi original. En ese momento, un policía de un puesto de control vino a ofrecernos manzanas maduras cultivadas localmente como para disculparse por retrasar nuestro viaje. Como era otoño, los perales y los árboles de manzanas estaban cargados de fruta y el aire olia a pimientos frescos de Sichuan. Las terrazas estaban cubiertas con racimos de maíz y chiles rojos secándose al sol.

Huella del pie de Vairochana

Huella del pie de Vairochana

Nos dirigimos al norte parando en Jinchuan para pasar la noche, y tomar la G317 nuevamente, volviendo sobre nuestros pasos hacia Piluzhena. Era como regresar a visitar a nuestra abuela favorita. Casi corrimos hacia abajo por las escaleras de metal en nuestra ida hacia el Gonpa que sobresalía bajo el techo de la cueva. Sólo estaban los monjes que viven en retiro y nosotros. El joven monje nos mostró las huellas del pie, de la oreja y de la nariz de Vairochana. En el templo más pequeño nos señaló una pieza de un manuscrito guardado en una caja de cristal.¡ Era asombroso ver y poder tocar personalmente la roca con esas impresiones! Habiamos completado un círculo y estábamos rebozantes de alegría.

Para redimirse, China nos ofreció una última experiencia de un baño público. Cerca de Wenchuan, paramos en un bloque de cemento marcado con letras en mandarín donde la el dibujo para  ‘Hombre’ parecía una persona con dos piernas; mientras que el de ‘Mujer ’era el de una persona con las piernas cruzadas. Una mujer vieja que vivía en una casa de concreto al lado, limpiaba y juntaba 1 Yuan por cada visitante. Valió la pena porque fue el baño más limpio que nos cruzamos, sin hedor ni agua corriendo vale La pena que cuando vayan allí gasten una moneda.

Estatua de Adzom Drugpa construída por Gyurme Dorje

Estatua de Adzom Drugpa construída por Gyurme Dorje

Fotos de Oni McKinstry y Fabio Andrico.