Viaje a la tierra sagrada de Larung Gar en Kham (Tíbet)

Uno de los institutos budistas más grandes del mundo

Todas las fotos por: Sabina Ragaini

Es la tarde y el viento azota la montaña sagrada de Dorje Legpa que se eleva hacia un cielo despejado salpicado con ligeras nubes. Estamos a más de 4000 metros sobre el nivel del mar en el condado de Serthar, en Kham, al este del Tíbet, en lo que ahora es la provincia de Sichuan (República Popular China). Es febrero. La brisa helada mueve las numerosas banderitas de oración cuyos colores brillantes atenúan la aridez del terreno seco y duro de este lado de la montaña. De vez en cuando, tenemos que parar para recuperar el aliento y admirar el magnífico paisaje a la luz del día, el río totalmente congelado abajo, el polvo que se eleva del camino poco transitado. Arriba en el pasadizo, unos peregrinos colocaron botellas llenas de piedras en medio de muchas lungtas, como una nueva manera de rendir homenaje. Del otro lado de la montaña, el paisaje natural cambia, al mismo tiempo aparece un verde claro en las colinas, por encima de las cuestas. El cambio de color del terreno en Tíbet es siempre increíble.

A lo largo del sendero que está casi totalmente congelado, en la base de la montaña, las ruedas de oración giran y las imágenes de Padmasambhava, de Vajrasattva y, sobre todo, de Dorje Legpa aparecen con todo su poder. La montaña también es sagrada para el Buda de la Medicina; en ciertos nichos del camino se puede recoger un poco de tierra con propiedades medicinales.

El monje responde amablemente a nuestras preguntas: es y será un guía extraordinario para un viaje único a un rincón del mundo inimaginable en la difícil realidad actual. Gracias a él, será posible realizar una auténtica peregrinación a los templos, monasterios y lugares aledaños envueltos en un clima de sacralidad profunda.

A pocos kilómetros de la montaña, aparece el centro budista de Larung Gar, uno de los centros más grandes e influyentes del mundo para el estudio del budismo tibetano y particularmente conocido por la práctica del Dzogchen. Innumerables pequeñas casas bajas de madera marrón oscuro o de ladrillo, con techos pintados de rojo. Visto desde lejos, el centro parece un nido de termitas, un grupo desordenado de edificios pequeños del cual se destacan algunos templos grandes en su larga y complicada historia.

Wumin Foyuan (en chino), el Instituto Budista de las Cinco Ciencias es una academia fundada en 1980 en un valle despoblado, por Khenpo Jigme Phuntsok, lama ilustre de la tradición Nyingma, tulku del gran Terchen Lerab Lingpa, uno de los maestros del décimotercer Dalai Lama. Jigme Phuntsok, maestro altamente respetado y dedicado a difundir el dharma, era más conocido como Choje, el Señor del Dharma. Para reavivar el budismo y beneficiar a todos los seres sintientes, al final de la Revolución Cultural China, Choje fundó este centro no sectario en el que todas las escuelas de budismo podían estar representadas, y donde los devotos podían venir a estudiar y meditar, aunque la atención estaba desviándose a la escuela Nyingma. Aquí, sigue siendo posible que un monje pueda alcanzar el nivel más alto de preparación doctrinal hasta la obtención del título de kenpo. Este lugar fue elegido porque durante siglos fue sagrado para el Vajrayana. La autobiografía del gran terton Terchen Lerab Lingpa, quien visitó el valle en 1880, describe el lugar como “un monasterio para la liberación a través de gran cuerpo de luz”, que fue la residencia en el pasado de trece practicantes que alcanzaron el “cuerpo arcoíris”.

Una profecía del primer Dodrupchen Rinpoche, gran siddha que vivió en el siglo XVIII, dice: “En el valle Danjian Ala Mutian Larung, Guru Rinpoche aparecerá como Jigme… Sus enseñanzas de Sutra y de Tantra brillarán como el sol que ilumina y sus actividades para el beneficio de todos los seres podrán alzar los cielos y preservar la tierra. Atraerá seres sintientes de las diez direcciones para guiarlos en el camino de la liberación…”.

Luego de conocer a muchos representantes importantes del Budismo, en los años noventa, Jigme Phuntsok fue invitado a la India por el decimocuarto Dalai Lama para recibir y brindar enseñanzas a Su Santidad. En los años siguientes, se dedicó más y más intensamente a la enseñanza y así pudo conducir a muchos discípulos al nivel de Kenpo.

La primera parte del siglo XXI fue terriblemente trágica para Larung Gar debido a las campañas violentas dirigidas contra la libre expresión religiosa de los monjes y monjas que vivían allí. El gobierno central les ordenó a todos los estudiantes que abandonaran el centro, y cuando se negaron a dejar atrás sus vidas como practicantes para regresar con sus familias, la mayor parte de la Academia, junto con las innumerables casas pequeñas y monasterios, fueron arrasadas por completo. No obstante, maestros y alumnos decidieron no abandonar nunca el lugar y, con la ayuda de muchos practicantes, el centro volvió a alzarse, más grande que antes, con la aprobación del gobierno local que se oponía menos al dharma.

Cuando Jigme Phuntsok falleció en el año 2004 debido a complicaciones posteriores a una cirugía cardíaca realizada en un hospital de Chengdu, en China, la Academia tenía más de 300 kenpo. Estos, de mutuo acuerdo con los estudiantes y los asistentes de Larung Gar, decidieron no interrumpir la enseñanza de los textos del Maestro y de la doctrina budista, asegurándole a la Academia una vida que aún sorprende por su intensidad y autenticidad.

Larung Gar construído con el apoyo de alrededor de cien estudiantes, se expandió increíblemente con el paso de los años. La fama de la Academia, la profundidad y el alto nivel de las enseñanzas que ofrece atrajo a miles de tibetanos. El centro estaba y está principalmente dirigido a monjes y monjas; aunque algunos estudiantes laicos ordenados tienen la posibilidad de residir allí.

Hoy en día, hay más de diez mil estudiantes, con la peculiaridad de que más de la mitad son mujeres. Además, casi un tercio de ellas son chinas provenientes de Hong Kong, Taiwán y Singapur, así como también de otras provincias de la República Popular China. Parece que en el año 1987, la visita de Choje a Wutaishan, la montaña sagrada de cinco picos dedicada a Manjushri, con más de 60 templos budistas en la provincia de Shanxi (en el norte de China), lo hizo conocido para los budistas chinos. Algunos de ellos lo siguieron a la árida tierra de Kham a pesar de las condiciones naturales prohibitivas del centro ubicado a más de 4000 metros, con inviernos fríos y alojamiento austero. Actualmente, los monjes chinos demuestran su infinita admiración por los practicantes tibetanos, por su buen karma como guardianes de la enseñanza y por la manera en la que se expresan, con una humildad digna de ser emulada.

La vida en esta enorme “aldea” está sujeta al ritmo de las lecciones que se realizan a diariamente por la mañana y por la tarde, divididas en clases diferentes por estudio, por momentos dedicados al debate y, -por supuesto- por las prácticas: algunas diarias y otras programadas. Las clases para monjes y monjas tibetanas se dictan en tibetano; mientras que para los monjes y las monjas chinas se dictan en mandarín. El alojamiento está estrictamente separado para hombres y para mujeres, como todo monasterio que aloja estudiantes masculinos y femeninos.

Desde hace décadas, Larung Gar es conocido por la práctica de phowa que, mientras el centro estuvo dirigido por Jigme Phuntsok, se realizaba a diario después de su clase. En aquella época, cuando alguien fallecía en la zona que rodeaba al Gar, se llevaba el cuerpo al centro para el último ritual. Incluso hoy en día, casi a diario, en una colina no muy lejana, en un edificio cuya arquitectura es curiosamente muy china, se llevan a cabo funerales celestiales con el desmembramiento del cuerpo del fallecido.

En un día con un claro cielo azul, mi monje guía decide llevarme a observar el ritual. Las familias del fallecido, algunos practicantes y otras personas curiosas se ubican cerca de la colina. Los “carniceros” realizan sus deberes con desapego y precisión sobre los tres cuerpos mientras que, en las alturas, sobre la cadena en el terreno más elevado, cientos de buitres hacen fila pacientemente y de manera ordenada.

Una vez que los carniceros terminan su tarea, se alejan del lugar donde se realizó el desmembramiento. Como si hubieran recibido una orden, los buitres descienden de la colina, algunos volando, otros planeando con las garras rozando el suelo hasta que se abalanzan sobre su comida. No podemos ver nada más que el aleteo y los picos subiendo y bajando, escuchando el chillido de las aves. En una pequeña cueva no muy lejos, escuchamos el golpeteo del damaru de la persona que lo oficia. Pronto llega otro chodpa, con un kangling en una mano, y un damaru aún cubierto en la otra. Con su piel oscura y sus gestos lentos, descubre el damaru y comienza a girarlo con un ritmo que acompaña la recitación de la práctica. Es un sonido que trae cierta paz.

En la parte más alta de Larung Gar, el Gyutrul o Portentoso Templo que abrió sus puertas en 1995, se destaca por su belleza y sus colores brillantes. Tiene 22 capillas dedicadas a divinidades pertenecientes a diferentes escuelas. A sus pies está la kora donde los peregrinos, desde el comienzo del amanecer, giran las grandes ruedas de oración por turnos, recorriendo los malas con sus dedos, en una continua recitación de mantras.

En esta época del año, días antes y durante Losar, el Año Nuevo Tibetano, éstos son particularmente numerosos. De todas las edades y orígenes, enfrentan viajes largos y arduos para llegar a este lugar ubicado a más de 15 horas de viaje desde la ciudad importante más cercana, a través de un camino peligroso por el mal tiempo. Incluso, antes del amanecer del día de Losar, el centro resuena con los mantras recitados en el monasterio. Unos altoparlantes transmiten el sonido a medida que el sol se asoma detrás de las montañas que rodean el pueblo.

En el salón principal del ani gonpa, las monjas agrupadas una al lado de la otra, se concentran en la lectura de los textos. El lugar es grande y hay varios miles de mujeres de edades muy diferentes: las mayores, con la piel profundamente marcada por los años, se sientan junto a las jovencitas con vestimentas de monjas que las más grandes ayudaron a arreglar. El gonpa tiene tres plantas, cada una de las cuales tiene salas pequeñas que dan al corredor que recorre el cuadrángulo central abierto. Desde arriba, podemos admirar el salón principal de la planta baja, donde escuchamos el golpe del gran tambor. En cada rincón, giran pequeñas ruedas de oración. Algunas habitaciones parecen estar reservadas para grupos pequeños de jóvenes estudiantes, que incluyen a niños. Este año, los rituales de Losar son precedidos por la abadesa del ani gonpa, y -por este motivo- el templo femenino es el más concurrido.

En el gonpa del monasterio masculino, los monjes son menos numerosos, aunque el salón está muy lleno. Los monjes se distinguen por sus vestimentas amarillas y rojo púrpura. Están sentados en filas, leyendo los textos con un ritmo regular. Por momentos cambian de posición, colocándose de lado, o dándole la espalda a la fila de enfrente. Incluso aquí, la recitación de los textos continúa durante todo el día. En los otros dos gonpas, los monjes y las monjas chinas están recitando.

Los textos de Larung Gar -a menudo- están escritos en dos idiomas: los textos originales en letras tibetanas poseen -en la parte inferior de la página- caracteres chinos, que son la transcripción fonética en chino de la pronunciación de la práctica en tibetano.

El chino es -contrario a toda expectativa- la lengua franca, como lo es el inglés para nosotros. Según mi experiencia, aquí nadie habla un idioma occidental. Incluso, los tibetanos estudian chino para no aislarse social y económicamente del mundo que los rodea más allá de la montaña; mientras que los chinos estudian tibetano como un idioma sagrado, a pesar de grandes dificultades debidas a la diferencia radical de pronunciación y escritura. Esta es una coexistencia lingüística increíble, y -al mismo tiempo- tranquilizante dentro de una situación única, por la paz con la que pueden celebrarse las festividades para despedir el año tibetano del caballo y recibir al de la oveja.

Afuera de los monasterios, las calles están muy transitadas por monjes y monjas que se mueven rápidamente por los angostos callejones entre las casas, trasladándose de un lugar a otro. En algunas esquinas y en algunas zonas donde el sol no llega, el hielo hace que los transeúntes circulen con cuidado, porque el hielo -a menudo- hace que sea peligrosa una simple visita a los baños públicos. Estos son utilizados por gran cantidad de estudiantes que no tienen baños en sus casas, y por peregrinos que viven en casas de huéspedes donde los baños no funcionan ya que las cañerías se congelan.

En las pocas plazas y en los patios frente a los templos hay tibetanos en grupos vestidos elegantemente con sus mejores ropas: las chicas parecen princesas; los jóvenes, caballeros, y las mujeres, reinas. Las piedras semipreciosas de sus anillos están embellecidas por el tiempo, incrustadas en sus pendientes, o formando grandes collares. Luego de visitar el templo, algunos subirán al kora alrededor del Portentoso Templo, o hacia un espacio por debajo preparado para postraciones; mientras que otros asistirán a las festividades en casas de familia construídas fuera de Larung Gar, a lo largo del camino que lleva a la ciudad de Serthar, en cuya plaza principal se destaca, en lo alto de una columna, la rueda del dharma.

Es un Losar tranquilo en este rincón del mundo; quizás un Losar especial, sin disturbios por factores externos.

En Larung Gar, los rituales continúan en los templos a medida que el cielo se oscurece y cae la noche.

Traducido por: Mariela Dominguez Leandro