Un viaje entre los nómades tibetanos

Introducción

Los nómades tibetanos, normalmente conocidos como Drokpa (‘brog-pa), son los herederos de una antigua y fascinante forma de vida que en las décadas pasadas ha atravesado muchos cambios. En la actualidad, su estilo de vida se enfrenta a los retos de la modernización, pero a pesar de ello, sigue siendo bastante sencillo y tienen pocas posesiones.

En las remotas praderas del altiplano tibetano, los nómades pastorean yaks, ovejas y caballos. Incluso, aunque muchos de estos grupos se están convirtiendo en seminómadas, continúan viviendo en campamentos la mayor parte del año. En las tiendas, duermen sobre unas colchonetas finas alrededor de la estufa central donde cocinan y hacen té con mantequilla. Generalmente su comida está limitada a tsampa, una masa de harina de cebada tostada, carne curada de yak y productos lácteos tales como el queso, la mantequilla y el yogurt. Ya que en las regiones nómades no hay árboles, el combustible principal para las estufas es el estiércol seco de yak. Los nómades viven en condiciones severas debido a la elevada altitud de la zona y a sus inviernos largos y fríos, e incluso aunque muchos de ellos tienen una casa donde pasar la temporada de frío, sus campamentos permanecen montados -por lo menos- durante unos 6 u 8 meses al año.

En la actualidad, todas las regiones de la meseta tibetana continúan estando altamente pobladas por los nómades, y -a pesar de la urbanización- también pueden encontrarse muchos grupos nómades en ciertas regiones de Sichuan y Xinghai.

Basilio Y Emanuele

En los últimos dos años, nosotros, Emanuele Assini y Basilio Maritano, hemos tenido la oportunidad de tomar contacto con las tradiciones y costumbres nómades durante nuestros viajes a Ladakh y a Sichuan occidental. Luego en el otoño de 2015, mientras residíamos en Viena, leímos el libro de Namkhai Norbu, “Un viaje entre los nómades tibetanos”, un resumen de los aspectos culturales más importantes de la vida de los nómadas tibetanos de las regiones de Sertha y Dzachuka. El libro se basa en los diarios de Namkhai Norbu adolescente quien, a sus diecisiete años, describe sus experiencias vividas entre las dieciocho tribus que habitan esas regiones. El libro, dirigido al público interesado en la cultura tibetana, fue publicado por Ediciones Shang Shung en 1983. Esta lectura, así como nuestras experiencias personales, nos inspiraron para planificar un viaje entre los nómadas tibetanos que viven en las mismas zonas, con el deseo de entender más profunda y directamente lo que permanece de sus antiguas tradiciones.

Esta es la razón principal que nos llevó a China. Llegamos el 20 de abril de 2016, y hasta finales de junio hemos viajado a través de Sichuan occidental y el sur de Xinghai, en especial por las regiones de Dzachuka y Sertha, con el propósito de experimentar el estilo de vida tradicional nómade. Durante este periodo hemos visitado escuelas, monasterios, y hemos pasado algo de tiempo con una familia nómade, experimentando su cultura y recopilando historias y material visual.

Hoy es nueve de junio. Hemos estado en China y en las provincias tibetanas de Kham y Amdo durante -al menos- siete semanas; el viaje que comenzamos a planificar hace ya ocho meses está llegando a su fin.

Parece que fue ayer que estábamos en Viena discutiendo la posibilidad de comenzar un proyecto en esta región. Todo parecía tan lejano e irreal, como si tan sólo nuestra imaginación pudiera llevarlo a cabo. En vez de eso, aquí estamos escribiendo este artículo sobre lo que han sido, hasta el día de hoy, varias semanas intensas antes del fin de nuestro viaje. Con gran pesar nos damos cuenta de cómo ha pasado el tiempo sin notarlo y que, en breve, estaremos regresando a Europa cargados de recuerdos y materiales para trabajar y desarrollar.

Inspirados por el libro “Un viaje a la cultura de los nómades tibetanos” de nuestro Maestro Chögyal Namkhai Norbu, y llenos de recuerdos de nuestras experiencias previas con el pueblo tibetano, tomamos nuestras mochilas, las llenamos con equipo fotográfico y buenas intenciones, las cargamos sobre los hombros y volamos a China a fines de abril. Habíamos oído mucha información fascinante sobre los nómades tibetanos que nos inspiró para comenzar este proyecto, con el deseo de entender la realidad de los nómades de hoy en día y ser capaces de compartir los resultados con la Comunidad Dzogchen. Obviamente, muchas cosas no resultaron tal y como esperábamos, y esto lo hizo todavía más interesante, hasta el punto de considerar la idea de volver de nuevo.

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Llegada a Kangding

Finalmente llegamos a Kangding. Fue una noche ajetreada, el tráfico estuvo bloqueado durante toda la noche debido a los desprendimientos de tierra, ¡pero lo logramos! Listos para hacer autostop con dirección al condado de Daba. A finales de abril, tras algunos días de preparativos, dejamos Chengdú, la capital de Sichuán. Tras un viaje de seis horas en autobús, llegamos a Kangding, el punto de entrada a la provincia de Kham. Fue nuestra elección viajar haciendo autostop para ahorrar en transporte y -a la vez- tener contacto directo con la población local. No hubiéramos podido elegir mejor. Cargados de equipaje y sabiendo tan sólo algunas pocas palabras en chino y en tibetano, fuimos ayudados en cada parte de nuestro largo viaje. Al día de hoy, podemos decir que hicimos autostop – por lo menos- durante 3000 km a lo largo de la carretera que va desde Kangding a Xining y de vuelta a Chengdú a través de cañones, puertos de montaña y vastas praderas del altiplano tibetano. Con la mirada de dos jóvenes viajeros, abiertos al impacto cultural, atravesamos una gran parte del Tíbet “abierto” a los extranjeros, haciendo preguntas, observando, escuchando todas las opiniones, y descubriendo algo nuevo cada día. Saboreamos la hospitalidad de una cultura que, dividida entre altiplanos y reasentamientos, entre montañas y ciudades, y con una mezcla de diferentes grupos étnicos, se mueve en una dirección incierta, la cual, me atrevo a decir estará llena de sorpresas.

 

tib-1136 horas en el Larung Gar de Bai Mei

Nunca sabes lo que te deparará la carretera. Tras dejar Kangding, comenzamos nuestro viaje en dirección a Bai Mei, con la intención de llegar a Danba. Se estaba haciendo tarde, pero finalmente conseguimos que nos llevara en coche un hombre muy agradable, oficial de policía chino que nos trajo a Daofu, en dirección contraria a Danba. Nos invitó a alojarnos en su casa por esa noche, donde cenamos con su familia. Por la mañana, caminamos un par de kilómetros fuera del pueblo e hicimos el primer viaje del día. Fue un día largo, pero finalmente llegamos a Larung Gar, enorme complejo monástico en el área de Sertha, a una altitud de 4000 metros, uno de los más grandes del mundo, con cerca de diez mil monjes. Decidimos pasar la noche allí, y tras una corta búsqueda encontramos a un monje que nos dio la bienvenida y nos dejó acampar en su jardín, justo detrás del monasterio

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A lo largo de nuestros viajes, gracias al autostop y a la buena suerte, nos encontramos con gente diferente y escuchamos muchas opiniones distintas. Desde el policía chino que nos ofreció hospitalidad, al anciano monje que nos dejó acampar en su jardín, hasta el nómade que había regresado de la India hacía menos de un año, tras 20 años de ausencia. Todas las personas que conocimos compartieron con nosotros sus puntos de vista, dándonos la oportunidad de aprender más sobre esta cultura en proceso de cambio.

Es un placer para nosotros compartir estas experiencias con los lectores de El Espejo, además de darnos la posibilidad de recordar esos momentos tan importantes de nuestros viajes y de plasmarlos sobre el papel. Por esa razón,hemos decidido escribir acerca de un corto episodio que ocurrió en los últimos días y que, para nosotros, fue muy significativo; en vez de dar un informe detallado de nuestro viaje, pasando por alto momentos muy importantes.

 tib-10Tallando piedras Mani

Ayer llegamos a Garze, tras haber pasado un par de días en Larung Gar, donde tuvimos la oportunidad de conocer más sobre la vida monástica en una institución tan importante. Muchos monjes -durante su rutina diaria- estaban ocupados en actividades tales como: debate, tala de madera, cocina y talla de piedras. Algunos monjes ancianos estaban cubiertos de polvo, con grandes máscaras para los ojos, tallando con gran precisión y durante horas unas piedras Mani enormes.

Tras una noche en Garze, nos encontramos con una sorpresa desagradable. Por la mañana, dimos un paseo por el pueblo buscando un cajero, porque no teníamos efectivo, y descubrimos que ninguno de los cajeros aceptaba tarjetas de crédito extranjeras. Algunos oficiales de policía nos dijeron que lo mejor era volver a Kangding para extraer dinero – ¡tres días de autostop! Aún sin desayuno en nuestros estómagos, pasamos toda la mañana intentando averiguar qué hacer; pero luego de unas horas encontramos la solución. Casi todo el mundo en China utiliza una aplicación para el teléfono celular llamada WeChat, que es básicamente un tipo de Watsapp, pero mucho más útil.

No solamente se puede enviar mensajes, sonidos, archivos y fotografías sino que también se puede transferir dinero de un móvil a otro. No fue fácil encontrar a alguien en el pueblo que quisiera recibir la plata en su celular y dárnoslo en efectivo. Pero- de algún modo- lo logramos y gracias a nuestro buen amigo Romeo no tuvimos que regresar a Kangding. El viaje continúa: mañana nos dirigimos a Arizhal

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Hace unos días, tras un largo viaje con tan sólo algunas paradas, llegamos a la aldea de Xiuma, donde tuvimos el placer de pasar unos días en compañía de un nómade anciano llamado Aolei. Nos quedamos en su casa, a 30 minutos de la aldea. Tras unos días, nos familiarizamos con su rutina y descubrimos muchas cosas interesantes. En ese período, todas las familias nómades estaban ocupadas buscando el yarsagumbo – un “hongo oruga”. Este pequeño y caro hongo representa- a menudo- el 80 % de los ingresos anuales para estas familias. Por ese motivo, durante la temporada del yarsagumbo, hasta los niños están ocupados buscándolo. Tan sólo los mayores permanecen en casa para hacer las tareas domésticas, mientras el resto de la familia pasa sus días subiendo las montañas de los alrededores con los ojos fijos en la tierra.

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EL HONGO YARSAGUMBO

Todos están muy entusiasmados en el condado de Tongde. Entre los meses de mayo y junio, en cada rincón de la pradera tibetana, todos van en busca del Yarsagumbo, también conocido como el “hongo oruga”. Se cree que posee propiedades mágicas tales como las de un remedio para las afecciones del hígado, los riñones y las disfunción eréctil. Por eso, se los utiliza como afrodisíaco y para paliar el cansancio y la fatiga. También representa el principal recurso económico para las familias nómades. De hecho, la mayor fuente de ingresos anual deriva de la venta de este pequeño hongo amarillo.

Hemos pasado unos días en la aldea de Xiuma siguiendo a una familia nómade en busca del yarsagumbo, y dándonos cuenta de que es un trabajo muy duro. Salimos muy temprano a la mañana con un poco de pan y de té como comida en nuestras carteras. Comenzamos la caminata hacia lo alto de la ladera de la montaña con nuestros cuerpos sumidos en tierra mojada, buscando el preciado hongo. Toda la familia estaba embarcada en la búsqueda: ni los niños se quedaban atrás, y tan sólo los mayores se quedaban en el hogar cuidando la casa.

Al principio, pensé que sería una tarea fácil; pero tras unas horas de búsqueda, con mi nariz empapada por el frío y la humedad, con dolor de espalda y sin haber encontrado ni uno sólo, me rendí. Uno debe tener buena vista y tenacidad para distinguir este diminuto hongo de las hojas de hierba que lo rodean y que parecen exactamente iguales. Acompañamos a la familia en la búsqueda hasta la tarde, sin habernos dado cuenta de lo lejos que habíamos caminado. Volvimos cansados, con todos los huesos doloridos, y llenos de admiración por la tenacidad de estas personas

tib-8 Así nos encontramos a solas con Apa Aolei, un alegre hombre mayor extremadamente feliz por tenernos como huéspedes. Como autodidacta muy dedicado a cumplir con su práctica religiosa durante el día, nos contó sobre su juventud y su familia. También, compartió opiniones muy interesantes relacionadas con los cambios culturales que se están produciendo en el Tibet.

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 Tras entrar en su casa, nos sentimos fascinados ante la cantidad de libros que había en las típicas estanterías de madera donde – normalmente- se guardan fotos de Maestros, del Dalai Lama, junto a escrituras religiosas y a otros objetos. Visitamos a varias familias de esa región y, rara vez vimos más de un par de libros en sus casas. Como sentimos curiosidad, preguntamos el por qué de ello. Aolei nos dijo que muchos de sus libros eran textos clásicos, históricos y religiosos escritos por eruditos muy famosos en Tíbet y en China. Y no sólo eso: uno de sus dos hijos estaba en Japón con el fin de completar sus estudios, cosa muy rara en esa región.

Al no haber tenido la posibilidad de ir a la escuela, era muy importante para Aolei que – al menos- uno de sus hijos pudiera recibir una buena educación. En ese sentido, estaba muy satisfecho. Toda la biblioteca tenía 5 metros de largo y, a pesar de estar llena de libros y objetos, estaba cubierta por insignias y trofeos obtenidos por su hijo durante su etapa educativa. Y no sólo esto: muchas de las insignias estaban ubicadas en las zonas más altas de la estantería, por encima- incluso- del lugar en el que habitualmente se colocan los textos budistas y las fotos de los Maestros, como un signo evidente de cuán importante era considerada la educación en su hogar.

De nuevo, nuestra curiosidad planteó más preguntas.

Apa Aolei, hijo de una familia nómade, habitó en campamentos durante todo el año, y a los ocho años vivió la Revolución Cultural. Siendo adolescente, justo después de la “revolución”, vivió junto a su familia en condiciones de pobreza, pasando los duros inviernos tibetanos en una carpa con muy poca comida. Sin embargo, nos contaba recuerdos positivos sobre las costumbres nómades y el modo cómo se hacían las tiendas con pelo de yak cuando la tierra era equitativamente compartida entre los habitantes de la aldea. Hoy en día, cada pedazo de tierra de la pradera habia sido vallado por el gobierno chino. Todos los miembros de su familia habían tenido que aprender cómo hacer todo tipo de trabajos tales como hilar lana de yak para la ropa, armar una carpa o construir una cocina de barro, cosas que las nuevas generaciones no saben hacer.

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Entrando en Dzachuka

Ayer, finalmente, entramos en el área nómade de Dzachuka. Llegamos a Aeizha, a 40 km en coche por la carretera, donde tuvimos la oportunidad de dormir en la casa de Drukdrak Rinpoche. Hoy llegamos a la provincial de Quinghai, conduciendo a través del paso del Monte Anbala (a 4700 metros).

Cuando nació su hijo, con la ayuda de los subsidios gubernamentales, su familia pudo construir una casa para el invierno. Hoy en día, la mayor parte de las familias nómades viven de este modo: en casas durante el invierno, y en campamentos durante el verano. Actualmente, los campamentos son estructuras modernas más fáciles de montar.

Aolei es un hombre extremadamente dedicado a la vida religiosa, y como no tuvo oportunidad de ir a la escuela, se educó a sí mismo para poder leer las escrituras religiosas. Nos dijo con gran honestidad que no había sido capaz de alcanzar un conocimiento muy profundo del Budismo; pero que -a medida que pasaban los años- sentía que tenía capacidad para adivinar el futuro utilizando los dados.

Ésta práctica, conocida como Mo, está normalmente reservada para monjes y lamas cuando se tienen que tomar decisiones importantes. Se dice que las respuestas que se leen a partir de los dados vienen directamente de Manjushri, el bodhisattva de la sabiduría. Tras la Revolución Cultural, la práctica de la religión planteó muchos problemas. Aolei nos contó que -a menudo- en los años ´70, las familias se reunían en secreto para practicar lejos de los ojos de los chinos. Hoy en día, afortunadamente, se puede practicar libremente.

Aolei nos contó muchas cosas, demasiadas como para colocar en un solo artículo. Fue una experiencia fabulosa estar con él y escuchar su visión sobre los cambios acontecidos en los últimos cincuenta años.

Como conclusión, nos gustaría compartir una metáfora que él utilizó para responder a nuestra pregunta sobre :“¿Qué le gustaría decirle al mundo y a las personas que lean esta entrevista?”

Aolei nos hizo sonreír y pensar profundamente sobre los cambios sucedidos en los altiplanos del Tíbet, donde las nuevas generaciones tendrán gran responsabilidad en el futuro. Luego de hablar sobre la evolución de la cultura en Tíbet y sobre las diferencias que existen en la actualidad -comparadas con las de su juventud- quiso dejar un mensaje para los jóvenes, relacionado con la continuidad de las tradiciones en los años venideros.

De algún modo, parafraseándolo, esto es lo que nos dijo: “En mi juventud, cuando las familias nómades mataban a una oveja para comer, utilizaban cada una de sus partes, desde la cabeza hasta la piel, como para no desperdiciar la vida de ese animal. Incluso, aunque a menudo, esto implicara mucho trabajo. Por consiguiente, los jóvenes tibetanos deben conservar sus tradiciones, sin ignorar ningún aspecto de su herencia cultural, sólo porque pueda parecerles incómodo, como por ejemplo: la vestimenta tibetana que puede ser considerada pasada de moda o muy pesada. Deben continuar comiendo tsampa, vestirse según las tradiciones y preservar sus valores culturales”.

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Creemos que esta afirmación, en su forma más simple, esconde muchas cuestiones que deben ser consideradas, con el fin de entender más a fondo la realidad de los nómades de hoy en día. Por nuestra parte, estamos haciendo todo lo posible por regresar a casa con una visión completa que esperamos poder compartir con los miembros de la Comunidad.

Por: Emanuele Assini y Basilio Maritano
Traducido por: Dragana Lukic Tesanovic

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