Falleció Cristian Cabral

 

El sábado 20 de abril murió Cristian Cabral.

No hay nadie en Tashigar Sur que no esté profundamente conmovido, tal vez porque durante muchos años Cristian compartió la vida con nosotros y su conducta nos impregnaba siempre con una pátina de alegría y de bondad. Él despertaba nuestra gentileza.

Cristian no tenía edad, pero tenía en los ojos la chispa de quien ha comprendido que en su vida, inclemente y dura, había un sentido… y una oportunidad.

No quiso desperdiciarla.

Compartimos con ustedes el poema que escribió hace ya un tiempo, casi como

si se tratara de su propio obituario y, en un poema, el breve curriculum del autor:

 

CRISTIAN

El poeta estoico de la sonrisa mansa

El despojado,

que nunca tuvo la avidez de poseer

El amoroso Cristian,

al que nunca se asoció con palabras como ira, conflicto,

queja

El del cuerpo atormentado,

que hizo de esa debilidad la fuerza de su perseverancia

El practicante.

Paula De Raedemaker

 

MI PARTIDA

Otro sueño vendrá de entre las nubes,

recorrerá los años transparentes,

se mostrará verdugo y decadente

al arrancarme todo lo que tuve.

Se aquietarán mis manos que protegen

este vacío inmenso que retumba

sobre la tierra negra de una tumba

mientras el tiempo blanco se desteje.

La luz del fuego antiguo que me aviva

se irá apagando casi imperceptible,

se secará en mi boca la saliva

y ocultaré mi rostro en lo invisible.

 

Desde el portal que alumbre mi partida

recorrerán mis ojos lo que he sido;

me iré muy lentamente de la vida

entrando sin saberlo en el olvido.

Derramaré una lágrima infinita

por lo que quise ser, enloquecido,

el mundo lo que da también lo quita,

quizás pueda encontrarme en lo perdido.

Haré girar mi brújula sin norte

en un naufragio suave por la altura,

y la sombra espectral de mi figura

se alejará de mí, sin que me importe.

M e perderé en los grises de la niebla

que precede al silencio definido,

este silencio leve y compartido

por todas estas almas que me pueblan.

Se acabarán de pronto mis latidos,

me sentiré ya listo para el viaje

y llevaré tan solo de equipaje

lo que en mi vida tuvo algún sentido.

Otro sueño vendrá, como en un rezo,

me iré tras lo que soy sin referentes,

un sueño muy preciso y diferente,

un sueño del que ya no habrá regreso.

 

Cristian Cabral.

del libro “Bitácora del tiempo”.

 

NO LLORO POR VOS, SINO POR MÍ

 

El sábado 20 de abril, por la mañana, supimos que Cristian Cabral, el Cristian como le dicen los cordobeses, el Cris Cris como lo llamaba yo, se nos había ido. El gakyil azul de Tashigar Sur, que había acompañado amorosamente sus últimos días codo a codo con su madre, guiando shitros, y siempre manteniéndonos al tanto, nos lo hizo conocer inmediatamente.

Leí la noticia con los ojos secos, en un silencio sin pensamientos, y sentí que tenía que salir, caminar…. En la segunda cuadra de mi recorrido, mientras atravesaba una plaza bajo el sol otoñal, sentí una lagrima cayendo lenta, como si quisiera pasar desapercibida, y luego otra y otra ….Al mismo tiempo entendí que en realidad ( qué palabra esa ) no estaba llorando por Cristian, sino por mí.

Para explicarlo tengo que recurrir a su historia, a su libro de poemas donde escribe esa historia en alas de los versos más hondos y bellos. Y a las precisiones que Delia, su mamá ,-practicante ella también y alguna vez gekod y gakyi de Tashigar- me regaló en medio de su dolor.

Aquí voy.

Cristian llegó a nuestra Comunidad con 16 años. Según Delia, había leído a Lobsang Rampa y estaba obsesionado con encontrar un Maestro, un lama. En la casade un amigo encontró en cambio una revista donde hablaban de Namkhai Norbu y Tashigar Sur . Así fue como n el año 1992 llegó al Gar. No estaba el Maestro, pero sí sus practicantes más antiguos y entonces aprendió el Guru Yoga que nunca dejaría ya depracticar.

16 años dije. Un adolescente moreno, delgado, de grandes ojos oscuros y sonrisa fácil. Apacible, cariñoso y alegre. Con gran facilidad para ganarse los corazones.

Sin embargo el dolor latía en él desde muy niño. Ese dolor que lo acompañaría toda la

vida, como su literatura y ahora, las Enseñanzas de CHNN.

A los 9 años había perdido a su padre en un accidente laboral. Nos lo cuenta en el primer poema de su libro ,“ La bitácora del tiempo”, publicado en el 2023.

 

Recuerdo

Se fue en silencio

queriendo dejar

parte de su vida en mis entrañas

y se llevó con él parte de mi vida.

Tal vez su recuerdo sigue entre los pinos,

quizás sus ojos me miran desde cada brillo

Que surge en un espejo.

 

A sus 9 años , también , recibió el primer trasplante de riñón: El riñón de su papá. Cuando lo supo, la idea fue insoportable para él y su cuerpo rechazó el órgano a los 14 días.

Ahora es más fácil entender el trozo de poema que transcribí.

Cristian, contra todo protocolo médico, recibió 4 trasplantes en su corta vida de 48 años. El 2do, que también rechazó, fue a los 13 años y el 3ro, un años después de llegar a Tashigar Sur. Ya para entonces estaba sometido al tratamiento de diálisis.

En este caso la donante fue Delia, su mamá. No fue sencillo que aceptara y permitiera esa donación, él no quería correr el riesgo de perjudicarla, de perder también a su madre. Eso le dijo mientras hablaban sentados en un cantero del área peatonal de Córdoba con un gentío pasando juntos a ellos. Pero unas palabras inspiradas lo convencieron : “- Te di la vida por primera vez y creo que tengo derecho a intentarlo de nuevo”.

Claro que el proceso no fue fácil : le colocaron el riñón, tuvieron que sacarlo y luego volvérselo a poner. Pero a partir de allí se sucedieron los once mejores años de la vida de Cristian, según Delia.

En el año 94 finalmente pudo conocer al Maestro y permanecer 3 meses con Él en el Gar. Cristian siempre decía que el tiempo más feliz de su vida siempre fue en Tashigar. También pudo viajar por muchos lados, pudo ir a Margarita para su anhelado Retiro de Mandarava.

Ni bien conoció al Maestro había comenzado a hacer la Práctica de larga vida de la dakini inmortal Mandarava. Rinpoche mismo le había aconsejado que lo hiciera, como Él mismo lo hizo, si quería alargar su vida. Y todos los que lo conocemos, sabemos, sin ninguna duda, que así fue. Tenía recién 30 años, cuando el riñón donado por su mamá dejó de funcionar por una complicación en las vias urinarias y aunque en el 2011 recibió un cuarto trasplante , éste fracasó también.

O sea, desde los 30 años su vida dependió de la diálisis y de su práctica de Mandarava. La primera, periódica y sistemática, lo mantenía deteriorándolo, con innumerables y desoladoras recaídas , intervenciones y hospitalizaciones. La práctica, también sostenida y perseverante le daba fuerzas para seguir, renacer una y otra vez.

El poeta que él admiraba de pequeño, Pedro Palacios apodado Almafuerte, comienza su poema titulado Piú avanti con un verso famoso:” No te des por vencido ni aún vencido”. Pienso que ésa era la consigna secreta del Cris Cris.

Trabajamos juntos en el gakyil de Tashigar Sur tantos retiros, compartimos la impresión de tantos libros del Maestro y tantos boletines cuando Tashigar Sur se encargó de la edición en castellano. Compartimos tantas prácticas en la gonpa….

¡Tantas veces temimos que muriera, y tantas veces volvimos a encontrarnos con su sonrisa y su fuerza inquebrantable!

 

Pero su cuaderno sabía ….Sus versos conocían el lado del desespero.

En el poema titulado Derrota, un verso dice:

“Morir de a poco pasa a ser costumbre”

En otro:

Y yo, sigo buscándole el sentido a cada instante,

para no perderme

dentro de la muerte.

Él ya lo sabía desde hace mucho tiempo. En el año 2015 escribe MI partida, los endecasílabos que citó Paula Raedemaker en su despedida a Cristian. En el 2017 escribirá un poema desgarrador titulado Muerte.

Y en otro poema, La escarcha, también del 2015, afirma:

“andar tras la escarcha y en su fuego,

Teniendo la certeza

De que morir

Es trascender su quemadura.”

Ahora puedo explicar, explicarte, lo que dejé pendiente al principio de este artículo. Sí, morir es trascender la quemadura, como vos dijiste Cris Cris. Por eso este sábado, caminando por la plaza, supe que no lloraba por vos sino por mí.

Porque todos los que te hemos conocido, todos los que te queremos sabemos que por fin ya no sufrís.

 

Que no hay pinchazos que atormenten tus venas exhaustas

Ni desmayos que obnubilen tus sentidos, ni internaciones, ni ese cansancio

que nace de la repetición de los padecimientos.

Tanto dolor purificó cada resquicio de tu historia

Tanta práctica te familiarizó con la luz.

La última vez que nos vimos, ya preparado para irte

Me dijiste que lo único que deseabas era silencio.

Ahora, por fin has entrado en el silencio lleno de inmensidad que tanto

anhelabas

Así que sólo lloraré por mí, porque no podré encontrarme con vos cuando viaje a Tashigar, ni compartir unos mates y los sandwichitos que te gustaban, no te veré sonriendo con alegría al verme, no te escucharé contándome tus logros literarios y musicales o contándonos nuestras penas o nuestras ideas sobre el país o sobre la comunidad. Tampoco escucharé más tu ¡hola Grigri! En el celular… Mi hermanito Vajra, te aseguro no va a ser fácil atravesar tu ausencia siempre presente en el aire de Tashigar Mandala.

 

Pero no te preocupes, aunque sobra decirlo porque ya toda preocupación te es ajena. Igual te repito lo que ya te dije al leer por primera vez tus versos y aquellos que en Cavilaciones dicen:

“y me pregunto si mi cuaderno y yo

sobreviviremos a tanto olvido “

Qué poeta no se ha hecho esa pregunta, qué ser humano no se la hace, cada cual a su modo y según sus circunstancias. Y cómo podríamos responderla con certeza. Pero de algo estoy segura, quienes hemos leído estos poemas de Bitácora del tiempo, quienes tengan la suerte de leerlos en el futuro, no podrán olvidarse tan fácilmente ni de ellos ni de su autor.

Y mucho menos tu familia, tus amigos de Cosquín y tus hermanos y hermanas del Vajra que tanto te queremos y admiramos.

Griselda Gálmez